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Tribuna:

Música para un cuento de hadas

"Estoy viviendo una historia que es como un cuento de hadas", reconoce, con un destello de ilusión en el rostro, la joven valenciana Eva Lucía Bayarri. Algo de eso hay, sin duda: casi por casualidad, una cinta con algunas de sus canciones llegó a manos de Cristóbal Sánsano (el responsable de la carrera artística de la popular Mónica Naranjo). Y tanto le emocionaron que no perdió ni un minuto en ofrecerle un contrato difícil de rechazar. Después, un familiar le puso en contacto con Julio Martí, representante de Kiko Veneno y responsable del Colectivo de Promoción de Jazz, a quien ese peculiar instinto profesional que posee para detectar el talento le aconsejó que incrementara la oferta inicial y mejorara las condiciones. "Fue un descubrimiento instantáneo, como un flechazo. Mira que he oído maquetas en mi vida, pero... escuché dos compases y pensé: Si, con poco más de 20 años, es capaz de hacer esto, cuando tenga 30 esta mujer será la locura", explica Martí. El resto vino rodado: el reputado pianista dominicano Michel Camilo (compositor, entre otras, de la banda sonora del filme de Fernando Trueba Two much) aceptó encargarse de la producción. Tras una temporada de trabajo en Valencia durante la que se seleccionaron una quincena de piezas (de entre más de un centenar de temas propios de la joven) y se moldearon las partituras originales, viajó con Eva Lucía a Connecticut (Estados Unidos) donde se registraron, junto a una impresionante formación de músicos americanos, las 11 canciones incluídas en el debú discográfico de la artista, titulado Eva y editado por la multinacional BMG. Pese a todo, aunque reconoce sentirse "muy afortunada", la cantante y compositora evita pronunciar la palabra suerte y prefiere describir esta concatenación de acontecimientos que, a sus 23 años, han alterado por completo el rumbo de su vida -"pero los estudios de filosofía no los he dejado aparcados", aclara con una deslumbrante sonrisa- como el fruto de muchos años de preparación. "Suelo decir que empecé a cantar al mismo tiempo que aprendí a hablar. Mis padres se dieron cuenta y, a los siete años, me llevaron a los Pequeños Cantores de Valencia, donde permanecí unos tres años. Cuando lo dejé, decidí comprarme una guitarra y, así, me puse a componer mis propias canciones", relata. Aún tuvo tiempo de ingresar en el Conservatorio de Música, en el coro de El Micalet e, incluso, de emprender sus estudios de arte dramático -"mi vocación siempre ha sido la de llegar a ser actriz", apunta-. De aquella época data Amarga materia, que a Eva le agrada denominar como "mi canción": "Me ayudó a salir de un momento muy malo de mi vida. Hay épocas en las que piensas que te vas a comer el mundo, pero luego siempre ocurre algo que te descubre que no todo es tan bonito", explica. Ya sólo falta esperar la respuesta del público. Julio Martí se muestra optimista: "Me apetece desarrollar a Eva como una artista española que canta de maravilla, tiene personalidad, una capacidad de expresión tremenda... Algo como Mariah Carey o Celine Dion, pero en castellano. Estoy convencido de que va a funcionar muy bien aquí y en Latinoamérica porque, además, tiene algo que el resto no: es autora de sus propias canciones", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de julio de 1998