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Carmelo Gómez

A Carmelo Gómez, flamante portavoz socialista en el Ayuntamiento sevillano, lo persigue el destino. Su estrella debe de estar marcada por algún signo de confusa o ambiciosa orientación. Y hasta el momento, dicha estrella, pese a que lo ha guiado hasta revueltos gallineros, no ha dejado de alumbrarle. Tiene el tal Gómez la habilidad de los artificieros para correr, de punta a punta, por los campos minados sin que ninguna se active. Como portavoz lo ha sido hasta breves momentos del Sevilla CF, un equipo de segunda con aspiraciones a normalizar su situación, donde ha brillado como espejo en el desierto quizás más por la opacidad de sus compañeros de junta que por su propio reverbero. A Gómez hay que reconocerle en su faceta futbolística su sana militancia blanca y su capacidad para no mancharse en las turbulentas aguas de un sevillismo alborotado y crispado donde el caos manda a costa del orden. Su predestinada vocación para instalarse con mando en los gallineros más alborotados lo ha llevado ahora a detentar la portavocía del grupo socialista sevillano. Un grupo dividido y entusiasmado por los desencuentros personales donde Carmelo, además de portavoz, tendrá que ponerse el uniforme de casco azul para garantizar la paz interna más necesaria. Como ven, pasa como portavoz de un club de segunda a un grupo de la oposición municipal que también aspira a ascender y que comparte, junto con el equipo de los amores de Carmelo, cierta carajera interna provocada por el oleaje del poder. Tendrá el nuevo portavoz que poner a su disposición toda su memoria universitaria y su temple para salir airoso de tan engorrosa situación. Hasta esos puntos críticos lo ha llevado su estrella, que todavía no sé si alumbra una legítima ambición personal o una desatinada locura juvenil. En cualquier caso, esa estrella, hasta el momento, le ha alumbrado salidas airosas que, en el caso municipal, tendrán que resolver los desafectos internos de un grupo más dado a la desunión que a todo lo contrario. Si su estrella no determina otra cosa estoy por asegurar que veremos antes al Sevilla en primera que a Monteseirín en el sillón de Soledad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 08 de julio de 1998.

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