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Portadown se convierte en un fortín para impedir la marcha protestante

Portadown, la pequeña localidad norirlandesa en que cada año comienza la temporada veraniega de marchas protestantes para conmemorar la derrota de hace tres siglos del rey católico James II, se convirtió ayer en un fortín protegido por cientos de soldados, alambradas de espino y bloques de hormigón para impedir el desafiante paso de los unionistas de la Orden de Orange por el barrio católico. La tensión es extrema y en Portadown se pone a prueba el nuevo orden político en Irlanda del Norte. "Sólo habrá perdedores si hay colisión", advirtió el Gobierno de la provincia.

Los vecinos asistían ayer, entre sorprendidos y temerosos, al despliegue de las fuerzas militares, que cercaron el pueblo y cortaron los accesos a diversas calles. Eran escenas evocadoras de antiguas guerras de trincheras, aunque también se habló del comienzo de la III Guerra Mundial. En muchos hogares se ha hecho acopio de alimentos. Los orangistas, furibundamente opuestos al acuerdo para consolidar la paz en la provincia, por verlo como el principio de la unificación de la isla, están dispuestos a poner hoy a prueba ese pacto apoyado por aplastante mayoría en el referéndum de mayo. "No queremos que ambas partes de nuestra comunidad se pongan rumbo a una colisión en la que sólo habrá perdedores", advirtieron en un comunicado el primer ministro de la provincia, protestante, y su número dos, católico.

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