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GENTE

CAMINO Y COMPAÑA

«El camino es largo, pero Dios está con nosotros. Cuando él diga que tenemos que pararnos, nos detendremos». El camino de que habla la hermana Galina, una religiosa ortodoxa de Vladivostok, en el Extremo Oriente ruso, es efectivamente largo: unos 10.000 kilómetros hasta el punto de destino: Moscú. Pero eso no parece arredrarla, ni a ella ni a sus compañeros de aventura, como Mijaíl Alexandrov, de 41 años, que, en declaraciones al diario The Moscow Times, explica el objetivo de la marcha: «Se trata de recordar al pueblo que somos rusos, de retornar a nuestros orígenes, la única base del pueblo ruso, la única creencia que puede fortalecer la madre patria». La componente nacionalista es, al menos tan visible como la espiritual, aunque se trata de llegar a la capital rusa el 7 de enero (cuando se celebra la Navidad ortodoxa) para conmemorar el bimilenario de la Cristiandad. Entre los participantes, de momento unas docenas, que portan iconos y llaman a unírseles a los habitantes de todas las zonas por las que pasan, hay algunos con traje de cosaco, como Leonid Kashchuk, de 28 años, que asegura: «Soy un cosaco y los cosacos estamos por la fe, el zar y la madre patria». Falta le hará esa energía religioso-monárquico-patriótica para soportar las penalidades de la ruta, que incluirán temperaturas de 40 grados bajo cero en el corazón de Siberia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de junio de 1998