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La Catedral cambia de culto

10.000 personas acuden a San Mamés a presenciar el entrenamiento de Brasil

A pesar de algunas muestras de desagrado por el retraso en la liturgia, la Catedral decidió ayer cambiar de culto y profesar la fe brasileña que conmueve al fútbol. Alrededor de 10.000 personas poblaron las gradas de San Mamés para asistir al entrenamiento de de la selección brasileña de fútbol que hoy se enfrentará al Athletic (20.00, Canal + y ETB-1) en el acto central del centenario del club bilbaíno.La feligresía era mayoritariamente infantil. Algunos -más fundamentalistas y pacientes- guardaban sitio dos horas antes en la puerta de acceso al campo para verles salir del autobús con mayor cercanía. Era apenas un instante. Ronaldo fue el primero en bajar del autobús y la chavalería lo agradeció: las emociones, fuertes y rápidas. La liturgia comenzó en ese momento. El público, desconocedor del retraso oficial del entrenamiento en media hora, acogió con mala cara la otra media hora de propina que propiciaron los preparativos. San Mamés se había volcado a una nueva religión, muy distante de los textos futbolísticos que profesa su club natural.

Curiosamente, los primeros aplausos fueron para el seleccionador Javier Clemente cuando accedió al palco. Poco después Giovanni y compañía accedían al terreno de juego a ritualizar los oficios. Contrariamente al fútbol oficial, el campo se había poblado de abajo a arriba. Todos querían ver de cerca la ejecución de una rabona o la natural sencillez con que un brasileño conviertie en cotidiano lo sorprendente.

Tras los rondos de rigor llegó el momento deseado: una pachanguita entre dos equipos de diez jugadores perfectamente organizada (ahora en esta portería, luego en la otra) y algunas concesiones a los futbolistas: Taffarell de lateral izquierdo, Bahiano como delantero centro y así sucesivamente. Zagallo, ajeno al juego, conversaba junto a un poste con sus múltiples colaboradores. En la grada, un reducido grupo de jóvenes brasileñas rendía su culto particular a la torcida, ayer ausente y se encendía contra Zagallo por no convocar a Juninho. Tras una hora de entrenamiento y 11 goles (uno de Giovanni, de rabona) concluía la primera entrega a la fe brasileña que hoy anuncia una previsible apoteosis con lleno absoluto. En Bilbao parece haber declinado la polémica sobre la desconfianza brasileña con el presvisible juego duro del Athletic. Todo parece fruto de un continuado malentendido, resuelto finalmente tanto por Zagalo como por Luis Fernández. Todo ha concluido en una situación paradójica. Zagalo alineará a todos sus titulares (salvo Romario y Dunga, lesionados) y Luis Fernández a casi todos sus suplentes, jugadores del filial incluidos.

Deportivamente, la disputa se antoja desigual aunque animosa. Brasil, con 500 periodistas acreditados y el Mundial a diez días vista, no acostumbra a enmarronar sus comparecencias. Zagalo no sólo promete titulares, sino una disposición absoluta a la victoria. El Athletic quiere ganar a Brasil para tener una línea más en su historia centenaria. No en vano 200 televisiones transmitirán el partido por el mundo. San Mamés espera ambas cosas: la fantasía de Brasil y el triunfo de su equipo. Una duda metódica que convertirá el partido en un espectáculo. Sendoa, un futbolista que jugaba en el Gernika (2ªB), disfruta como un niño: hoy puede tener a Bahiano más cerca que nadie. El nuevo culto llega hasta el terreno de juego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de mayo de 1998