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Entrevista:DESVÁN DE OFICIOSIMPRESOR TAURINO

"Los turistas no quieren ver sangre en los carteles de toros"

Manuel Vallejo aúna el arte de Cúchares con el de Gutenberg para que los extranjeros presuman de matadores

Toros y plomo. Manuel Vallejo lleva 40 años de faena en un ruedo de papel. Su albero es un local más largo que estrecho, empapelado con decenas de carteles taurinos. Entre verónicas y embestidas, cada día lidia con una imprenta casi centenaria. Gutenberg y Cúchares: Vallejo es "impresor taurino". Y anda al quite: está en temporada.El hombre habla con parquedad y sin dejar la tarea: la vieja tipografía no deja respiro entre las vaharadas de tinta. "Aquí trabajamos artesanalmente, con plomo. Ya no se estila, porque es más lento. Pero la impresión queda más bonita que con los medios modernos", sentencia.

Vallejo ejerce primero de cajista: coge uno a uno los tipos hasta componer los nombres de los diestros de cualquier corrida. Siempre que puede elige la letra gótica, su favorita. Luego llega la impresión. Con la plancha lista, elige un cartel colorido de su amplio muestrario, realizado en otra imprenta. Lo coloca en la vetusta máquina plana. Los rodillos, al girar, estampan los nombres compuestos poco antes.

Amén de realizar programas de mano y la cartelería oficial para ferias taurinas (incluidas francesas como Nimes y algunas suramericanas, pero no la de San Isidro, según cuenta), Vallejo tiene otra especialidad: la de dejar un espacio en blanco entre dos diestros de tronío para que los turistas pongan el suyo. Esta novedad fue una ocurrencia del anterior dueño de la imprenta Cicerone. Manuel, que empezó a trabajar en ella como aprendiz a los 14 años, acabó por comprar el negocio cuando murió su jefe, y siguió con el invento.

El impresor distribuye los carteles de ponga aquí su nombre entre los vendedores -con frecuencia callejeros- y también cumple los encargos de los clientes que asoman la nariz por el local de la calle de Tabernillas, a tiro de piedra del mercado de la Cebada. Predominan las extranjeros. "Vienen aquí porque esto no se ve todos los días", razona Manuel Vallejo. Los turistas, amén de carteles, encuentran oferta taurina añadida: en esta imprenta hay castañuelas y banderillas disponibles.

"Los suramericanos y los italianos son los mejores clientes. Les encanta poner su nombre. Los madrileños compran sobre todo los carteles [no oficiales] de las corridas, que se venden a la puerta de las Ventas durante San Isidro", explica el impresor Vallejo.

Ahora, en plena feria, amén de atareado, el artesano anda ojo avizor. A ver qué figura se consagra. La que lo logre tendrá pronto diseñado un cartel encabezado por su efigie: Vallejo lo encargará a un artista especializado. El torero no cobrará derechos de imagen, pero entrará en un olimpo particular: la iconografía que disfrutan aficionados y visitantes. Bajo la figura del diestro revelación se imprimirán nombres famosos y el del turista maletilla.

-¿Qué carteles prefieren los extranjeros?

-Los de toreo de capa. No les gusta que se vea la sangre en el animal. -¿El modelo de más éxito?

-El de Manuel Benítez El Cordobés, sin duda. He vendido muchísimos miles y todavía lo seguimos haciendo, porque tiene mucha demanda.

-¿Y las toreras?

-Tenemos el cartel de Cristina Sánchez, que ha tenido mucha aceptación.

Vallejo calcula que cada año salen 25.000 carteles listos de su imprenta. Pero ninguno es de Curro Romero. "En Madrid no es vendible", explica eludiendo cualquier pique con Sevilla. Los diestros favoritos del impresor son el veterano Antoñete y el joven Joselito.

Colores adecuados y trazo bien definido, tanto del rostro del matador como de la efigie del toro, son los requisitos de un buen cartel, según Vallejo. Añora la calidad de los pintores taurinos antiguos, como Ruano Llopis. Las innovaciones en este tipo de pintura son escasas, reconoce.

"La fiesta taurina se mantiene. Es lo mejor que tenemos en España", defiende el impresor frente a los abolicionistas del toreo. Pero él pisa Las Ventas con mucha mesura. "Suelo ir a pocas corridas, porque estoy harto de toros", confiesa Manuel Vallejo. Vuelve a manipular su imprenta. "Ésta sí que es torera", piropea a su veterana y estruendosa máquina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de mayo de 1998