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Entrevista:

FANNY RUBIO ESCRITORA "Los Santos Evangelios son "El Quijote" del siglo I"

El dios dormido (Alfaguara), de Fanny Rubio (Linares, 1949) es una novela histórica-alegórica profundamente documentada, pasional y erótica. También, en la laica Fanny Rubio, era una novela imprevista pues narra, y con misticismo, el vacío que oscurece los tres días siguientes a la muerte de Cristo. Y su amor por María Magdalena. Pregunta. Es inevitable, pero hay que preguntarle por el cierto misticismo laico de su novela. ¿Lo tiene? Respuesta. Sí, aquí es un tema raro: este es un país de herejes o fanáticos. Pero hay una corriente ligada a la gnosis -la experiencia interior- que aquí ha sido subversiva y mal vista, pero que ya está en Teresa de Ávila, la poesía mística del siglo XVI y luego en Valle-Inclán o Juan Ramón Jiménez. Además, yo creo que bajo toda religión hay una raíz narrativa: los Santos Evangelios son El Quijote del siglo I. P. Saramago, Sorel, ahora usted, tres novelas sobre Cristo en un año. ¿Por qué? R. En realidad, yo empecé esta novela, en los 80, como un diálogo entre la voz y el oído. Luego entendí que la voz sólo podía ser la de un dios y el oído, el de María Magdalena. P. Perdón, ¿qué quiere decir? R. Verá, las palabras sanan o enferman. Podemos cometer verbicidio o genocidio léxico con las palabras. El Evangelio lo dice: "Una palabra tuya bastará para salvarme": los cristianos no han comprendido el sentido radical de esa frase. El tono es la música del ser, su fluido más noble. El tono es la música del yo más profundo. Me lo decía María Zambrano: "No me digas cómo es esa persona. Dime cómo es su tono". La literatura tiene que defender la fuerza raíz de las palabras. P. ¿Cómo es su Magdalena? El cliché la presenta cortesana, prostituta, endemoniada. R. Magdalena es una mujer libre, sin duda rica y de alto rango social,que acaba representando la dignidad humana: da la cara junto a su crucificado en un momento en el que todos los hombres del grupo se han escondido, asustados. P. Dirán que presenta una Magdalena feminista. R. Es verdad que hay una corriente de teólogas -que se hacen llamar las magdalenas- que luchan por justificar que el legado de Jesús pasa por ella. Me parece simpático, pero yo no entro. P. Su novela es erótica. ¿Creará escándalo? R. El erotismo de un místico es hipersexual porque va de dentro a afuera y no menciona lo genital. Sí, es un relato profundamente erótico. Pero yo no he buscado que sea así. P. Tras escribir esta novela, ¿se siente más cristiana? R. No, indiferente. Pero sí siento nostalgia de no haber pertenecido a aquel grupo de amigos que caminaban junto a Jesús. ¡Me habría encantado!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de mayo de 1998