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FINAL DE VACACIONES.

Se trata de apurar hasta el último instante, en medio del tedio o la inquietud que un aeropuerto procura, la refriega del amor. Por los billetes de él, en su única mano libre, no se trata de un recibimiento; la ardorosa entrega de ella al beso revela además el frenesí al que empuja una inminente pérdida. Nada como un beso de este porte llena tanto la incertidumbre de una despedida. Pregúntenselo, sino, a quienes, en la foto, aburridos, guardan turno en la inhóspita sala en que nos preparamos todos para ser facturados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de abril de 1998