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FÚTBOL: VUELTA DE LOS CUARTOS DE FINAL DE LA COPA

El Barça decide en un santiamén

Sergi, Rivaldo y Ciric golearon al Mérida

Ramon Besa

No hubo partido y menos eliminatoria. Dos vueltas de reloj y se acabó la noche futbolística. El Barça reventó la contienda en dos minutos. Estaba la hinchada del Mérida con la vista puesta en el marco de Hesp, aguardando ese gol que ya había cantado D'Alesandro desde el camerino para darle contenido al partido, cuando Sergi dobló a Rivaldo, aguardó el pase en profundidad de Oscar y retrató al Mono Montoya. El gol acabó con cualquier disputa y ambiente.El Mérida cayó en el desánimo -el objetivo de marcar cuatro parecía un imposible- y el Barça holgazaneó. Van Gaal, al fin y al cabo, había dispuesto a un pelotón de suplentes (Ferrer, Oscar, Ciric, Abelardo, Anderson) para oxigenar a los titulares (Figo, Luis Enrique, Reiziger, Giovanni, Bogarde), y más que un puesto estaba en juego el honor del colectivo, pese a que Óscar reivindicó un día más su capacidad para engendrar él gol sin atender a la inactividad. Es un futbolista que no se oxida.

Una vez cubierto el objetivo, el Barça se dejó ir. Tocó y tocó sin hacer ningun daño ni encontrar línea de pase en la divisoira y el Mérida ni siquiera llegó, salvo en una entrada de Sinval que Hesp sacó con una pierna. El partido estuvo largo rato dormido, muy plano, sin ritmo ni profundidad. Únicamente despertó en el arranque del segundo tiempo, con otro toque de Óscar para la salida de Rivaldo, y el brasileño es infalible cuando tiene campo para correr y su meta es la portería y no el banderín de córner. La galopada de Rivaldo acabó en penalti y decidió el partido: 0-2.

El marcador invitó al aficionado azulgrana a la nostalgia. Quedó parado en el campo un equipo muy catalán, con sólo tres extranjeros, y una zaga autóctona -Bogarde calentó banquillo mientras Reiziger reposaba en Barcelona-, que mantuvo su área limpia de polvo y paja hasta el segundo tanto. Entonces, el equipo azulgrana reculó y propició la entrada del Mérida en el partido. El grupo de Van Gaal regaló el cuero al de D'Alessandro, y Hesp tuvo que sacar las manos con frecuencia.

No aprende el equipo azulgrana de experiencias como las vividas en Salamanca o Anoeta o ante el Valencia. No peligró ayer ni el marcador ni el sorteo de las semifinales. El colectivo, sin embargo, se mostró demasiado especulador frente a un rival que, pese a todos los condicionantes, mantuvo un alto grado de dignidad en el campo.

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Sobre la firma

Ramon Besa
Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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