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FÚTBOL 22ª JORNADA DE LIGA

El despropósito acaba en empate

Hay manos que se han bautizado como divinas y otras que son tan absurdas que resultan inexplicables. De Quintana lo demostró ayer sacando el brazo cuando ya se jugaban los minutos de descuento, provocando un penalti que permitió que el marcador reflejara el mismo equilibrio que Mérida y Zaragoza evidenciaron sobre el césped. Fue un partido aburrido, en el que el Mérida no aportó otra cualidad que la especulación con el balón y el Zaragoza careció de criterio en el medio campo, no tuvo mordiente arriba y estuvo excesivamente nervioso atrás. La tarde trajo más despropósitos que fútbol.

Sin Aragón en, el centro del campo, el Zaragoza entró en cortocircuito. El Mérida se atrincheró en su portería y dejó a Gabrich como única punta. Fue paciente y esperó el desgaste y el nerviosismo local para marcharse arriba. Mediado el segundo periodo comenzó a lanzar contragolpes. Hasta que Cleber, en un magistral lanzamiento de falta adelantó a su equipo en lo que parecía un gol definitivo.

El Zaragoza reaccionó a falta de cinco minutos para el final. No encontró el ritmo ni la línea de juego requeridas, pero herido en su amor propio se lanzó en tromba. Fueron cinco minutos de agobio sobre Montoya. Hasta que llegó la mano tonta de De Quintana que devolvió la igualdad que merecieron dos contendientes que durante noventa minutos despreciaron el toque de balón para apostar por un juego trabado y de contacto físico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de enero de 1998