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FÚTBOL 22ª JORNADA DE LIGA

Victoria sóIida del Betis

Un gol olímpico de Jarni y otro de Alexis dan la victoria a los de Luis

El Betis se quedó con un hombre menos a quince minutos del final, pero contaba con dos goles de ventaja para afrontar este simulacro de prórroga. Al Betis no le asusta nadie, y menos un equipo muy bien puesto como este Celta que sin embargo cumplía su cuarta salida consecutiva sin marcar desde que a mediados de diciembre lo hiciera Revivo en San Mamés.Un gol olímpico de Jarni, que no se veía por estos pagos desde que así los marcaba el argentino Eduardo Anzarda, y un tanto de filigrana de Alexis ponían contra las cuerdas al equipo de Irureta. Alexis cerraba un curioso ciclo gallego: ha marcado goles al Compostela, al Deportivo y al Celta. Pero ayer no fue de penalti, sino como fruto de una combinación entre la agilidad de Oli y la generosidad de Finidi, que le dio el pase del gol. Alexis se ha convertido en una bestia negra de los equipos gallegos. Fue el autor del gol de Balaídos que hizo al Betis finalista de la Copa y a la postre lo mantiene vivo en la Recopa.

Los dos equipos salieron al campo con excesivo y recíproco respeto. Sabían jugar, pero no sabían transmitir. El Betis porfiaba por bajo, el Celta prefería los balones aéreos, las vaselinas de Mostovoi. Este Celta de Irureta, sobre el papel, es más equipo que el de Castro Santos. El que entrenaba el flamante técnico del Sevilla tenía un ruso indisciplinado, Mostovoi. El actual tiene a dos rusos buenos, Karpin y el propio Mostovoi. Un brasileño indisciplinado es capaz de marcar un gol en un arrebato de genialidad. Lo mejor que puede hacer un ruso indisciplinado es echarse una siesta.

Ni uno ni otro equipo se aclaraban en sus acometidas, pese a los esfuerzos de lucidez de Nadj y de Mazinho. Faltaba un centrifugado. El gol, si llegaba, vendría a balón parado, porque en movimiento uno y otro estaban negados. Así fue, pero nadie imaginaba que Jarni iba a batir a Dutruel de lanzamiento directo desde el ángulo del córner. Un mazazo psicológico en toda regla. Alfonso intentaba zafarse del pegajoso marcaje de Ito. Olías se emparejaba con Karpin y Jaime con Revivo. Los nombres del Celta en la zona letal asustaban. Cadete y Revivo asistidos por Mazinho, Karpin y Mostovoi. Una línea quebrada que era un acordeón cuando atacaba, una sierra a la hora de defender. Pero todos los intentos morían en la nada cotidiana. Prats fue un espectador de lujo, una inmunidad quizá debida a un trato de favor por su condición de antiguo alumno del equipo vigués.

La primera parte se cerró con un silencio expectante. Jarni volvía a lanzar un saque de esquina. Con Curro Romero en el estadio, la analogía con la Maestranza estaba asegurada. El Betis salió tras el descanso con la intención de conservar el botín y aumentar la distancia. Finidi proseguía su escalada en esa ascensión al corazón del beticismo. El Celta jugaba mucho, pero trabajaba poco. Y Alfonso demostraba que efectivamente no está nada obsesionado con el gol. El Betis puede permitirse el lujo de convivir con esa terapia del madrileño.

Irureta se vio obligado por las circunstancias a hacer cambios en la delantera. Entre tanto apellido foráneo, acudió al recurso doméstico de Juan Sánchez. Y éste formó el taco. Llevaba tres minutos en el campo y batió a Prats, aunque el árbitro anuló el gol por indicación del juez de línea. Luis Aragonés se percató de esa savia nueva en la delantera rival y cambió a Olías por Merino para que éste se hiciera cargo del marcaje del delantero. Merino sólo estuvo en el campo tres minutos. García Aranda le enseñó la roja directa por una falta a Sánchez al borde del área. En un santiamén, este delantero había dejado al Betis con dos defensas menos. La leyenda continúa: gol anulado, jugador expulsado.

Pese a esta merma en su defensa y a la inferioridad numérica, pese a las virtudes del rival pregonadas en las vísperas por Luis Aragonés, el Betis nunca vio peligrar la victoria. El Celta estaba peleado con la portería contraria: Mazinho y Bruno Caires se sumaban a una campaña de promoción de balones para el público enviando el esférico a las nubes. El acordeón sonaba con los compases de la sierra; chirriaba tanto que no se sabía a ciencia cierta quién estaba jugando con uno menos. Aragonés preservó a Alfonso para inmediatos compromisos. Y el Celta cumplía su cuarto partido sin marcar fuera de casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de enero de 1998