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El rey Hussein autorizó durante años las actividades del Mossad en Jordania

Durante muchos años, ha sido un secreto a voces en Oriente Próximo que Israel y Jordania han cooperado discretamente en el montaje de operaciones encubiertas. Y por eso, dicen fuentes diplomáticas, el rey Hussein de Jordania no se sorprendió cuando el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, le llamó para pedirle que recibiera en el acto a su jefe de espionaje.Danni Yatom, jefe del Mossad, era un visitante frecuente -aunque no anunciado- de Ammán, según las fuentes. Por eso el rey supo que iba a tener que hablar sobre un nuevo tropiezo para la paz en relación con Hamás, el grupo islámico palestino radical que se ha responsabilizado de las dos devastadoras bombas suicidas que estallaron en Jerusalén en verano.

Yatom tenía que comunicarle noticias bastante macabras, según el relato de los hechos realizado por funcionarios israelíes y jordanos. Sólo tres o cuatro horas antes, dijo al rey, se había producido una operación israelí para asesinar a Jaled Meshal, figura política de Hamás, en las calles de Ammán. Dos agentes israelíes que se hacían asar por turistas canadienses estaban en una cárcel jordana, y Yatom quería la cooperación del rey para dejarles en libertad.

Para esa hora, nadie había pensado en informar al rey sobre el ataque, porque la situación en el terreno era aún confusa. Pero una gran cantidad de gente había visto la aparatosa trifulca, y los rumores se extendían.

Quiebra del proceso de paz

La petición de ayuda por parte de Yatom explotó en manos israelíes: llevó a la relación israelí con Jordania al punto más bajo desde la crisis del Golfo (1990-1991), rompió una relación de décadas de operaciones encubiertas y amenazó con quebrar todo el proceso de paz.El daño al servicio secreto isaelí ha sido particularmente agudo. Israel no sólo se vio forzado a dar información sobre lo que dijo que era una nueva técnica de asesinato -basada supuestamente en un opiáceo sintético llamado Fentanyl- sino algo más importante: durante varios años al Mossad se le ha permitido discretamente tener su oficina en Ammán, y ahora Jordania les ha expulsado.

Jordanos próximos al rey dicen que éste estaba espantado al oír las noticias de Yatom, y rechazó su petición. "Sintió que le habían apuñalado por la espalda", dijo un participante de la acción diplomática que siguió a ese encuentro. "Estaba furioso".

Como dirigente de, un país con una mayoría palestina, el rey sintió que había hecho más que ningún otro líder árabe para ayudar a sus vecinos israelíes. Su servicio de inteligencia había trabajado estrecha y secretamente con Israel y con Occidente, a veces bajo riesgos importantes. Las líneas de comunicación con el Mossad habían permanecido abiertas durante muchos años turbulentos. Había intentado profundizar la paz de tres años con Israel y llevarla mucho más lejos que la paz fría de Israel con Egipto.

Y encima, Israel le había enviado asesinos para matar a plena luz del día y con un misterioso elemento químico a un líder de Hamás, un acto que amenazaba con minar la legitimidad del rey y la de la dinastía hachemita como garantes de paz y estabilidad en el reino. Para colmo, le pedían que ayudara a Israel a escapar de sus consecuencias. Aquello tocó su fibra sensible. "Fue como un reto personal al rey", dice un politólogo.

Inmediatamente, el rey ordenó al Mossad cerrar su base de operaciones en Ammán, expulsó a dos o tres agentes que trabajaban en la Embajada con el permiso jordano. Los agentes estaban estacionados ahí, aunque su, presencia no había sido nunca admitida públicamente. Su trabajo era mantener contactos con los servicios de seguridad jordanos para prevenir el uso de Jordania por parte de los adversarios árabes de Israel para actividades terroristas. Esto estaba en el propio interés de Jordania, que quería evitar represalias si eso ocurría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de octubre de 1997