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Una vida llena de ilusión y actividad

Hincha del Barça hasta el final. La última Copa del Rey ganada por el Barcelona hizo que los compañeros de Miguel Ángel Blanco Garrido aprovecharan para gastarle una broma. Al llegar a la oficina de Eman Consulting en Éibar (Guipúzcoa), le encontró la mesa llena de llaveros del. Barça. "Nos los consiguió un cliente. Eran personajes de Disney vestidos de azulgrana", relató ayer un compañero de trabajo. Aquella mañana, Miguel Angel no encontró El Mundo Deportivo, el diario que le gustaba lucir en los momentos de éxito de su equipo.Nacido en Ermua (Vizcaya) el 13 de mayo de 1968, Miguel Angel pertenecía a una familia de emigrantes. Sus padres, Miguel, de 58 años, y Consuelo, de 54, llegaron de Xunqueira de Espadoñedo en Ourense allá por los años sesenta. El boom industrial del País Vasco hizo que siguieran los pasos de otros muchos paisanos suyos. Ermua, con 17.000 habitantes, cuenta con una colonia gallega de unas 4.000 personas.

Los Blanco nunca tuvieron morriña, se integraron bien. De hecho, tres hermanos del. padre viven como él en la calle Iparraguirre del pueblo. Un barrio humilde de emigrantes, que vio crecer a Miguel Angel. A pocos metros de su casa, en la escuela Teresa Murga, hizo la EGB. De los años de infancia, un amigo de entonces recordaba hace dos días cómo les gustaba corretear entre las tumbas de un viejo cementerio, hoy convertido en parque.

Si algo ha marcado su vida ha sido la actividad. En sus jornadas diarias no había ni un minuto para estar quieto. Trabajaba era concejal de Ermua, iba todos los días al gimnasio y tocaba en un grupo de música. Actividades que compaginaba con su familia, los amigos y su novia María del Mar.

Después de siete años de noviazgo, habían decidido casarse. Los dos estaban trabajando. Miguel Angel, tras varios años buscándose la vida, había trabajado incluso de albañil con su padre, contaba desde hace poco más de seis meses con un empleo de lo. suyo, de licenciado en Ciencias Económicas. María del Mar, compañera de la Universidad Laboral de Éibar de la hermana de Miguel Ángel, trabaja en una pescadería. Aunque aún no tenían fecha para la boda, ya estaban buscando piso.

Miguel Ángel tenía una gran pasión, la música. Le gustaban fundamentalmente los grupos que cantaban en castellano. Su favorito era Héroes del Silencio. Esta afición a la música y, en concreto, por la batería hizo que a sus padres no les quedara más remedio que comprarle una. Tenían pocas opciones: o eso, o que Miguel terminara con las cazuelas y ollas de la cocina que tocaba con unos palos.

La afición fue tan lejos que en sus ratos libres, sobre todo en primavera y verano, se dedicaba a tocar con un grupo en bodas y verbenas. Era el batería. Su banda, Póker, antes había tenido otros nombres: Cañaveral y Adiskideak. Este año tenían la temporada cubierta hasta finales de octubre.De costumbres fijas, todos los días salía de su casa y recorría un trayecto de 150 metros hasta la estación, donde tomaba el tren a Éibar para ir a trabajar. Al mediodía volvía a casa para comer con sus padres. Por las tardes, a la vuelta del trabajo, iba al gimnasio. Un hábito que copió su novia. María del Mar hace aerobic y él prefería la musculación. Este amor al deporte y a las bebidas isotónicas daba siempre que hablar entre sus compañeros de trabajo. "Le decíamos que era mejor comer un bocata y que se dejara de porquerías. El se reía y nos contestaba que nos vendría bien un poco de ejercicio".

Pese a toda esta actividad, Miguel Ángel, un chico nervioso, tenía tiempo para pasear por el pueblo con su novia. Es más, su carácter extravertido le hacía responder a aquellos que le increpaban por ser del PP.

A la política llegó en la universidad, en la Facultad de Sarriko de Bilbao, de la mano de Iñaki Ortega, de Nuevas Generaciones en el País Vasco. Y tuvo el bautismo político en las elecciones municipales del 28 de mayo de 1995, año en que entró en la corporación de Ermua.

Un coche azul

Miguel Ángel, aunque nacido y bautizado en Ermua, en la iglesia de Santiago Apóstol, pasaba parte del verano en el pueblo de sus padres y en Torrevieja (Alicante), donde la familia tiene un apartamento. Su condición de concejal del PP no le había dado problemas en el trabajo. Al revés, era siempre un tema de bromas. "Le comentábamos lo bien que lo hacía José Mari [Aznarl que tenía controlada la inflación. El se reía, incluso cuando se lo decían los compañeros de ideología opuesta a la suya", afirma uno de los trabajadores de su empresa, donde hace pocos días le habían renovado el contrato.Su última ilusión, por la que ya había pagado un plazo, era un coche. Se había comprado un Megane de color azul. Miguel Ángel no ha llegado a verlo. Hoy el recuerdo de su familia es el de su vida llena de actividad e ilusiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de julio de 1997