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TRIBUNA

El día de la barbarie

Como de costumbre en este desdichado Tour, la etapa de ayer no nos dejaba sucesos que comentar y nuestra atención se volcó naturalmente en ese trágico acontecimiento que nos conmueve a niveles rabiosos a todos los que hemos luchado tanto en nuestras vidas como en nuestras obras contra la absurda barbarie de penalizar con la muerte, venga de donde venga esta cruel decisión, a cualquier ciudadano del mundo.Me entristece aún más que el hecho haya sucedido en unas tierras donde tanta afición, posiblemente la más entendida, existe, tierras generadoras también de casi todas las grandes figuras de nuestro ciclismo, puedan estar detrás de un acto tan tremendo para mi condición humana, incluso también para mi salud.

Malos augurios, pues, de desbordantes alegrías en esas etapas pirenaicas que se nos echan encima y a las que estábamos acostumbrados de contemplar junto a los corredores, aficionados animando a los escapados con rótulos escritos en el asfalto y banderas sin lazos negros.

No sé con qué ánimo habrán salido esta mañana nuestros corredores camino de Pau. Me gustaría naturalmente que. ganase alguno de ellos y que dedicase su triunfo a quien le dé la gana. Pero a los viejos aficionados nos costará bastante dar palmadas a nuestros contertulios de televisor y no Podremos dejar de pensar en alguien que casi seguro habría compartido el deseo de que un compatriota llevase a más de 100 corredores luchando agónicamente detrás de él.

Ya el año pasado perdía un gran amigo, compañero de locuras por estas gestas ciclistas, unos días antes del inicio del Tour. No quisiera que el año que viene faltase alguien más cuando contemplemos la subida al Tourmalet.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de julio de 1997