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TOUR DE FRANCIA 97

Boardman se ganó el sueldo

El británico cumplió los pronósticos en la prólogo y Olano actuó sin excesos

Era la prólogo de Boardman, a quien todos señalaban con el dedo, y Boardman se ganó el sueldo: vestirá el primer maillot amarillo de ese Tour. Pero por el camino, el joven Jan UlIrich decidió entrar en escena anticipadamente. Ha hecho ya el ruido necesario como para que se le tenga en cuenta. Bien está para animar el debate, pero cuidado con precipitarse en las apuestas. La prólogo cumplió con su función y los 198 corredores de ese Tour incierto desfilaron por las calles de Rouen. A todo esto, Abraham Olano estuvo correcto. En su sitio. No conviene hacer conjeturas cuando restan 3.935 kilómetros hasta París. Fue una prólogo cómoda, opinión general entre los presentes. El clima hizo una excepción y el cielo se abrió para dar paso a un tibio sol. Reinaba una ligera brisa. El recorrido era bastante apto para dar rienda suelta a la potencia de cada cual, sin demasiadas curvas y con largos trayectos en llano. Justo para una buena conducción, lo que facilitó que no se produjeran accidentes.Los corredores fueron exponiéndose al aplauso de un público entusiasta, mientras todos esperaban que Boardman confirmara sobre terreno tan favorable sus cualidades de especialista. Lo hizo en su momento y con la técnica adecuada, pero se encontró sometido a la presión de Jan Ullrich quien a primera hora de la tarde había presentado sus credenciales. Ullrich tomó la salida con dos horas y media de antelación sobre los verdaderos favoritos, lo que le permitió ser el líder provisional de la etapa durante casi toda la tarde. ¿Qué estrategia estaba detrás de esta decisión?

, Colocar a UlIrich tan descaradamente apartado de los favoritos podía deberse a una cuestión táctica: permitirle correr con mejor tiempo por si existía el riesgo de que la tarde se estropeara. Pero también cabe la posibilidad de que se intentara promoverle con carácter inmediato. Buena parte de la jornada transcurrió presidida por su apellido: era imposible no acordarse de él. Ya nos hemos enterado no sólo de que es buen contrarrelojista si no de que puede dar espectáculo en la prólogo. Y quienes andan buscando fisuras entre Riis y Ullrich pueden abrir boca de momento.

Otros optaron por una exhibición más discreta. Se trataba de disputar la prólogo, pero tampoco era cuestión de tomárselo muy a pecho. Ese fue el caso de Olano e incluso del propio Riis. El Tour ha demostrado demasiadas veces que esta jornada inaugural no sirve para otra cosa que a título protocolario.

Tal fue el caso de tres corredores: Rominger, Zülle y Berzin. Los tres andan con demasiadas dudas en la cabeza, dudas que pueden aliviarse entrando con buen pie en la carrera. Rominger estaba deprimido a sus anos por lo que su cuarto puesto le permitirá tomarse un respiro. Zulle está en entredicho por una circunstancia adversa (la lesión en la clavícula) y estar en sus números le permititirá abrigar esperanzas. Berzin, finalmente, necesita hacerse notar si no quiere que se olviden de él para el resto.

Restan Olano y Riis, que estuvieron en zona de nadie. Olano fue cuarto en la prólogo del pasado año, pero no es un tipo de suerte que le motive especialmente. Su estilo no se lleva bien con una prueba tan explosiva. Lo suyo es ir de menos a más, como ha hecho en todas las contrarrelojes que le han dado prestigio. Y fue a más.Correcto. Era su intención: Olano no quiere de momento el papel protagonista. Riis tampoco es un enamorado de esta especie de sprint largo: cumplió con el protocolo y no se preocupó demasiado del tiempo perdido. Supo desde dos horas y media antes que la gente manejaba el nombre de Ullrich. Así que deberá manejar ese asunto: ganó Boardman, pero la gente se quedó con el nombre de Ullrich. Bien está para animar la carrera. Pero para nada más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de julio de 1997