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"¡Arreando, que es gerundio, listo!"

Miguel Ricart escribió en septiembre de 1995 al juez de Alzira para proclamar su inocencia. La carta acababa con la siguiente posdata: "No crea usted que voy a pagar por algo que no hice y ni sabía siquiera que había sucedido. ¿No cree usted lo mismo que yo? ¡Hala, arreando, que es gerundio, listo!". Ricart hasta entonces no había negado su relación con el caso. El acusador popular quiso saber si ese "cambio de actitud" se debió a que ya sabía que los análisis de ADN hechos dos meses antes no le implicaban.La letrada de la segunda acusación popular, Luisa Ramón, en representación de varios colectivos de mujeres valencianas, añadió una treintena de preguntas al interrogatorio, que Ricart tampoco respondió. Sobre el Opel Cona utilizado por Ricart y Anglés, resaltó que en los bajos de este coche se halló tierra "idéntica" a la de la fosa donde fueron sepultadas las tres niñas.

Al final de la sesión de ayer, el tribunal ordenó sacar a la sala parte de las piezas de convicción, entre ellas la maloliente alfombra en la que fueron envueltos los cadáveres y uno de los picos supuestamente usados para cavar el hoyo. "Yo no he visto esta alfombra en la vida", aseguró el reo a preguntas de su defensor, Manuel López-Almansa. Ahí estaba por fin la alfombra -en realidad un trozo de moqueta barata de tono verdoso- que durante meses se ha afirmado que había sido quemada por la Guardia Civil.

Mientras, a las puertas del Palacio de Justicia, José Esteban Buendía, vecino de Valencia, instaló una mesa con un cartel bajo el lema "donativos Alcásser" para recaudar ayudas destinadas a Fernando García, padre de Miriam, que afirma que Ricart es un "falso culpable" del triple crimen. La finalidad de la cuestación era recoger dinero para pagar una multa de un millón de pesetas que, según los participantes, le había sido impuesta a Fernando García por la delegación del Gobierno por organizar el pasado viernes una manifestación sin permiso.

La policía retuvo para su identificación a seis personas que participaban en la cuestación y las puso a disposición del juzgado ' de guardia que ha abierto diligencias para investigar el asunto y determinar si pudiera existir algún tipo de fraude.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de mayo de 1997