OJOS DE COCODRILO
Joe Bredl salvó ayer a su hija Carla, de 21 años, de ser devorada por un cocodrilo de casi tres toneladas y cuatro metros y medio de largo al sacar con sus propias manos los ojos del animal. El suceso ocurrió ante las miradas horrorizadas de los turistas que visitaban el parque zoológico de Queensland, en Sidney. Carla daba de comer al reptil cuando el animal, de improviso, se lanzó contra ella e hizo presa en una de sus piernas. Los gritos de la joven alertaron al padre, que al llegar junto a la valla protectora la saltó y, armado con un rastrillo, golpeó repetidamente al cocodrilo. Pero el esfuerzo fue infructuoso: el animal siguió mordiendo a la joven. Entonces el padre tiró el rastrillo, se montó sobre el cocodrilo, y metiendo los dedos en los ojos del reptil, se los sacó. Sólo así el cocodrilo aflojó las fauces. Carla, que permanece internada en la unidad de cuidados intensivos, sufre rotura de pelvis y de una pierna, y graves desgarros en su muslo izquierdo-


























































