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FÚTBOL 25ª JORNADA DE LIGA

El Athletic siembra de dudas Sarrià

La química del Athletic derritió los débiles cimientos sobre los que trató de sobrevivir el Espanyol a un partido que se le torció desde su génesis. El ejercicio del Athletic fue inmaculado y su triunfo fue inapelable. Pero el estilismo del que echó mano el cuadro de Luis Fernández se vio favorecido por cuatro factores que hicieron vivir de rodillas a su rival.El Athletic logró su primer tanto cuando el partido todavía estaba en su boceto, a las primeras de cambio. El Espanyol se vio tan cojo por el absentismo de Benítez que forzó la máquina devolviendo al paraguayo a la caseta aunque Miera tuviera que armarse de valor y hacer debutar, en Primera a Soldevilla. Una entrada del propio Soldevilla a Alkiza, en el centro del campo y con Brito Arceo muy encima de la acción, supuso la fulminante expulsión del canterano blanquiazul. A los tres episodios se puede añadir una premisa que en esos instantes quedó más patente: la precariedad en la que vive el Espanyol, que ayer sumaba, siete bajas. Ya sólo le faltó al Espanyol que Urzaiz, prácticamente en la primera ocasión que tuvo, se mostrara implacable e inmisericorde y batiera al equipo que tanto le añora desde que lo dejara partir el pasado verano.

La desnudez del Espanyol contrastó con la prestancia del Athletic. Miera vio el modelo de equipo que anhela. Fue el bilbaíno un equipo muy compacto y al mismo tiempo muy fresco en sus llegadas. Un grupo muy estructurado, con un jefe consensuado e, incontestable como Guerrero, que marcó la diferencia y fue respaldado por una caterva de jugadores aguerridos y con un instinto letal hasta ayer poco visto en Sarrià. Las llegadas de Etxeberría, Alkiza y hasta Larrazábal eran como cuchillos que fueron hiriendo y desangrando a la defensa del Espanyol. Guerrero tan pronto era quien enviaba munición como se constituía en una daga más, aunque fallara un gol a quemarropa después de un servició de Etxeberría (m. 74).

El Espanyol, derrotado su centro del campo, dejó a Imanol Etxeberría inédito. Ni una sola vez tuvo que emplearse el portero, en el que Luis Fernández ratificó su confianza. El Athletic se tomó los acontecimientos con calma, y, una vez que logró el segundo tanto, se limitó a mantener la inmensa superioridad en su ritmo de juego. El equipo bilbaíno siembra de dudas Sarrià.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de febrero de 1997