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Crítica:

Pura propaganda

La publicidad avanza que es una barbaridad. La imagen del Tío Sam señalando a su clientela potencial con el lema I want you resulta a estas alturas obsoleta y antiestétíca. En esta aldea global (sobre todo en la nuestra, condenada al jurásico analógico), el cine y la televisión se han convertido en armas propagandísticas de primer orden. JAG: alerta roja (miércoles, 21.30, en Antena 3) combina los elementos publicitarios de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de América con la acción y la intriga dosificados según las eficaces fórmulas de la tvmovie (telefilme). Mucho uniforme, mucha tecnología punta y, he aquí la novedad, muchas importancia a la responsabilidad de la Administración en las situaciones de emergencia nacional. JAG son las siglas de una organización dedicada a la evaluación de la responsabilidad del Ejército frente a medidas de riesgo. Vamos, que deciden si compensa sacrificar a unas personas antes que perder un arma, o viceversa. Debe depender de las indemnizaciones, supongo.Los héroes son una pareja perfecta: un chico guapo (su presentación no escatima músculos ni sudores) y una chica guapa (se suelta la melena a la menor ocasión). Él es estricto pero tiene su corazoncito, ella es rebelde pero todo lo hace por la Patria; él ha sido piloto pero abandonó el aire por un problema de vista; ella tiene claustrofobia, pero miente antes que perder una misión importante. Abogados, militares, ingenieros o lo que haga falta para sacar de un apuro a los pobres mortales que hemos optado por el mundo civil, los chicos del JAG saben cómo atrapar a la audiencia. Bill Clinton se permite incluso un cameo (una breve aparición) en los jardines de la Casa Blanca. Es un chiste casero, pero funciona a escala mundial. El mensaje es claro: nada escapa a los medios técnicos que la Inteligencia Secreta del Imperio es capaz de desplegar con sus satélites, misiles, ordenadores... Mucho efecto especial (algún que otro chroma da el cante que da gusto) y mucha sonrisa profidén, todo al servicio de nuestra seguridad. Podemos zapear en paz. El Tío Sam ha creado el JAG.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de febrero de 1997

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