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FÚTBOL, 22ª JORNADA DE LIGA

El Rayo sigue de mal año

La goleada del Valladolid pone a Paquito contra las cuerdas

, El Rayo se llevó otro saco de goles en Valladolid. En sólo dos partidos ha encajado 10 goles y ha entrado en una depresión que poco a poco le acerca a los puestos de descenso. 1997 no es su año: ha perdido todo lo que ha jugado y no, ha marcado ni un gol. El equipo de Paquito, a quien la sombra del despido empieza a presionar, saltó al campo con la zozobra en la sangre. Su tensión inicial se transformó en histeria con el primer gol del Valladolid. El de Cantatore sólo necesitó deletrear su fútbol y cumplir a rajatabla el método que rige su juego. Sin prisas, con pausas, asegurando su defensa, templando el comienzo del encuentro y poniendo velocidad en unas cuantas jugadas, el Valladolid se llevó por delante al Rayo.Atado el dominio del partido y cosido el balón a la bota de Edu, el Valladolid se hizo muy pronto con la victoria a los puntos. Noquear al contrario requería un trabajo extra.

El Rayo había entrado en el campo con la memoria ocupada en el empate ante el Extremadura en Copa y la goleada del Camp Nou. La resurrección buscada en Valladolid se convirtió en la primera parte en esperpento. Mientras Paquito ponía en práctica una defensa eficaz por amontonamiento, la banda izquierda era un chollo para el Valladolid. Si buscaba la velocidad de sus puntas como única solución ofensiva, el egoísmo de Klimowizc arruinaba el enorme esfuerzo de llegar hasta la portería contraria.

Pero el Valladolid es un equipo con método. Su mente permanece fría en cualquier situación y de ahí nace su ventaja. Ayer el partido estaba seco, el Rayo, desarmado y el Valladolid seguía a lo suyo. Cuando lo tenía todo a favor, encontró la fertilidad de su contraataque y dio todo un recital. Víctor y Raúl se ocuparon de quebrar la solidez inicial de la defensa vallecana con dos pases magistrales. El partido no había tenido ritmo hasta ese momento, pero el Valladolid sí tuvo arrancada y pegada.

Paquito no varió sus esquemas ni cuando la ventaja se fue, mediada la segunda parte, a los tres goles. Mantuvo la inoperancia de Klimowicz en la delantera y sólo dio entrada a Radchenko cuando el partido estaba casi concluido, pero curiosamente mantuvo una defensa de cinco hombres que no pudo evitar que en cada uno de los goles los jugadores del Valladolid se quedasen sin más oposición que la de Contreras. Momentáneamente el Rayo recuperó el tono, pero la reacción le duró tanto como el tiempo que el Valladolid tardó en volver a marcar. Con el rival hundido, el equipo de Cantatore disfrutó de su fútbol, retomó su condición de equipo revelación y repartió jugadas de ataque para todos los gustos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de febrero de 1997