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31ª SUPERBOWL

Green Bay, favorito ante New England

La 31ª Superbowl, la gran final de la liga de fútbol americano, celebra hoy (24.00, Canal +) en Nueva Orleans el inicio de su cuarta década con un partido entre el Green Bay Packers, el club que ganó las primeras dos versiones de este clásico, y el New England Patriots, un equipo encabezado por Bill Parcells, quien aspira ser el primer técnico en conquistar el título con dos equipos distintos.El partido es tradicionalmente una bacanal deportiva y artística, el acontecimiento televisivo de mayor audiencia y de mayor costo en Estados Unidos -1,2 millones de dólares (unos 150 millones de pesetas) por 30 segundos de publicidad en la cadena Fox- Pero la muerte el jueves de la acróbata Laura Patterson durante los ensayos de los espectáculos del medio tiempo ha inyectado una nota trágica. Patterson, de 43 años, sufrió un golpe mortal en la cabeza mientras realizaba un salto con cuerda elástica sobre la pista del estadio.

El Packers, el campeón de la conferencia nacional y el equipo con el mayor número de puntos a favor y menos en contra, es el favorito absoluto. Su conferencia ha conquistado las últimas 12 finales. El quarterback Brett Favre, un mariscal de campo con garras y el don de improvisar cuando el partido se deshace, lleva dos años consecutivos como el jugador más valioso de la liga. La fe en su capacidad es inmensa. El apostador de Las Vegas no podrá cobrar a menos que el Green Bay triunfe por un mínimo de dos touchdowns (14 puntos).

La única participación anterior del New England en la Superbowl fue hace 11 años, cuando fue humillado por el Chicago Bears por 46-10. Parcells, quien dirigió al New York Glants al título de 1986 y 1990 es la figura que presenta la mayor esperanza para su equipo.

Los Patriots son un equipo joven con piernas rápidas y mucho entusiasmo. Su mariscal Drew Bledsoe tiene apenas 24 años pero posee uno de los brazos más vivos de la liga. Sin embargo, la presión ha caído sobre los hombros de Parcells porque se convierte en un técnico libre después del partido. Eso sí sería un hecho insólito: conseguir el campeonato y marcharse porque sus diferencias con el dueño del club.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de enero de 1997