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Tribuna:VUELTA 96

A toda pastilla

Tumbadito en la cama puedo maldecir y jurar a gusto. ¡Jo, qué etapa!. Se ha volado por un corte más o menos tonto. Se iba enfilado por el puerto de tercera, los de adelante para puntuar en el Premio de la Montaña, pero la situación no parecía peligrosa porque no soplaba el viento de costado, pero alguien pegó el tijeretazo y el pelotón se cortó. El resto de la etapa fue más o menos una cuestión de moral.Se iba detrás manteniendo la diferencia en 1.40 hasta que faltaban 40 kilómetros para la meta. Entonces, el Kelme flaqueó y a los del Mapei, que seguían tirando, se les notó que les pesaban ya mucho los kilómetros. Fue un bajón en toda la regla. Y fue en los últimos 30 kilómetros cuando se dispararon las diferencias, pasamos de 2 a 3,4 y 5 minutos sin damos cuenta.

Lo mejor para mí es que Miguel se había metido delante, y la lástima es que no entráramos ni Jiménez ni yo. Estos siete minutos que hemos perdido nos van a pesar toda la Vuelta.

Pensaba que empalmaríamos ya que Mapei y Kelme se pusieron enseguida a tirar cuando daba el viento de cara, pero también sabía que si no lo lográbamos antes de Motilla del Palancar, donde el viento cambiaba y soplaba de lado, sería imposible. Así fue.

No hemos cogido avituallamiento y hemos llegado medio pájara, incluso hemos hecho algo inusual: merendar antes de la ducha. No ha habido bronca por. no haber entrado. He hablado con Eusebio y hemos convenido en que ha sido demasiado lejos el ataque. Y en que si hubieran entrado Rominger y Escartín la cosa se habría frenado por el momento. No habrían sido los 150 kilómetros a toda pastilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de septiembre de 1996

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