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Induráin: "Cambiaría la medalla por el Tour"

Abraham Olano considera la plata "más gratificante que cualquier otro triunfo"

Miguel Induráin estaba anoche feliz. La programación había sido perfecta. La contrarreloj salió bordada. Otra carrera ganada. Una más. Induráin e mostró satisfecho por obtener la medalla, pero, en, un gesto de sinceridad, no dudó en reconocer que si pudiera la canjearía por otro título también muy especial. "Yo cambiaría el oro por el Tour, que tiene más historia, aunque los Juegos los vea mucha más gente. Vine aquí a hacer una buena carrera y me ha salido bien".Indurain negó que se hubiera tomado su participación en Atlanta con un ánimo revanchista para mitigar la decepción del Tour de Francia, en el que concluyó undécimo. "Yo no tengo que demostrar nada a nadie. En el Tour pasé un momento muy malo en mi carrera deportiva. Pero parece que ahora ya estoy recuperado y me encuentro otra vez a tope".

El Tour, la pájara en Les Arcs, los ataques de Riis en Hautacam y la gran maratón de Pamplona, es ya historia e Induráin afirmó que los Juegos eran para él una asignatura pendiente más, no como algo que pudiera paliar la no consecución de su sexto triunfo en la grande boucle. "Esta medalla me faltaba, en mi carrera deportiva. He ganado muchas contrarrelojes en mi vida y esto supone la confirmación del nivel que ya demostramos en el Mundial de Colombia".

Abraham Olano, eclipsado en Estados Unidos por la gran popularidad de su compañero, resaltó que el recorrido del circuito no era favorable ni para él ni para Induráin. "No esta ba tan claro que pudiéramos subir los dos al podio ya que los mejores especialistas esta ban en Atlanta", recordó Induráin. Olano no se explayó tampoco en sus comentarios. "La medalla ha sido la confirmación de nuestra línea de tra bajo", dijo en un principio, pero luego se animó. "Es mucho más gratificante esta se gunda plaza que cualquier otro éxito conseguido".

Durante su contrarreloj, Olano, al igual que Induráin, encontró la mayor resistencia para la plata en el inglés Chris Boardrnan, pero, también como Induráin, pudo remontar en la cuarta vuelta, 13,1 kilómetros que recorrió a velocidad supersónica. "Pensaba que Boardman tenía que fallar y ceder, en su ritmo mientras que yo no podía permitirme ese lujo", explicó el guipuzcoano, campeón del mundo de fondo en carretera y también subcampeón mundial, tras Induráin, de contrarreloj. "Las referencias que me han ido dando me han venido muy bien, pues empecé la prueba lento y fui de menos a más, porque no había que asumir demasiados riesgos pues sabíamos que el suelo estaba mojado y era peligroso. Luego se secó y pudimos incrementar nuestro ritmo. Estoy muy contento y satisfecho".

El tercer clasificado, Chris Boardman, no pudo por menos que felicitar a Induráin un gran campeón y un superatleta en todos los sentidos", dijo- y asumir su derrota. "No estoy del todo feliz, pero no puedo negar que estoy contento. El calor me afectó en exceso", dijo el inglés.

La fama de Induráin en Estados Unidos es casi equiparable a la que tiene en Europa. Decenas de aficionados se apostaron cerca de los boxes de los equipos situados junto a la línea de meta para aclamar a su ídolo. Seguidores norteamericanos aparecieron con banderas españolas y cámaras fotográficas para retratar a Induráin. "Aquí es muy conocido. Hemos recorrido 2.000 millas para verle de cerca", explicó Matt Kuest, de 21 años de Saint Louis. Pero Induráin no apareció por la puerta: el control antidopaje le retuvo más de la cuenta y luego, después de una apresurada y esperpéntica rueda de prensa -la intérprete no entendía nada de sus respuestas- acudió a la entrega de medallas donde no cesó de saludar a sus fans. "¿Soy yo el heredero de Induráin?", repitió la pregunta Olano. "Será cuando deje la bicicleta [Induráin] porque si no, no vamos a poder con él".

No quiso Induráin desvelar demasiadas cosas de su futuro. Afirmó que participaría en la Clásica de San Sebastián y que luego meditaría si correría o no en la Vuelta a España. "¿El Tour del año que viene?", dijo. "No lo sé. Primero quiero pensar qué hago: si sigo o no".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de agosto de 1996