Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

'Coitus interruptus'

El desenlace del misterio que rodeaba a la muerte de Jessica Costello en Murder One (noche del lunes, Tele 5) ha sido una mala jugada por parte del productor Steven Bochco y sus guionistas. Después de entrar en el juego propuesto por Bochco, que consistía en pasar un año intentando seguir los entresijos de ese caso de homicidio, mirando con lupa la parrilla de programación para no perderse ni un capítulo, y elaborando un esquema mental con las docenas de personajes implicados, lo que no pueden hacer es dejarnos con un villano tan previsible como Roberto Portalegre.Steven Bochco es especialista en manipular astutamente al telespectador, poner a prueba sus expectativas sobre la narración y los personajes, y dar la vuelta a los argumentos con resultados cada vez más inteligentes. Lo demostró en Canción triste de Hill Street y en La Ley de Los Ángeles, dos obras cumbre de la televisión. Pero en el caso de este Asesinato único (Murder One), ¿qué interés tiene el haber pasado tantas horas delante de la tele para que luego el asesino resulte ser un personaje tan caricaturesco y ajeno al planteamiento central de la serie?

En Estados Unidos, incluso la propia crítica que había encumbrado a Murder One reprochó a Bochco este final en anticlímax. Cuando parece que todo está perdido para Hoffman y su cliente, Neil Avedon, el letrado pasa por un quiosco de prensa y se ve a sí mismo en el monitor de un circuito cerrado de vídeo. Entonces piensa que un aparato similar podría haber registrado el momento del asesinato de la Costello en su casa. Y efectivamente, así había sido. ¿Es que nadie había pensado en esto antes? Ya puestos, podrían haber solucionado el final cogiendo a cualquiera por la calle que de repente dijera: "Fui yo". Para ponemos a prueba de verdad, Bochco tendría que haber decidido que el culpable fuera un personaje más comprometido con la historia y con la audiencia. Alguien que se hubiera ganado nuestra simpatía. Incluso el propio Teddy Hoffman (Daniel Benzali). Esto último sí que habría sido espectacular. Murder One comenzó como un gran experimento creativo, pero su final de fórmula no está a la altura de su ambiciosa premisa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de julio de 1996

Más información

  • 'MURDER ONE'