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EURO 96

Croacia paga la novatada

Dos errores croatas permiten la victoria de Alemania, un equipo sin fútbol

Otra vez la misma historia: sin gramo de fútbol, Alemania ya está a las puertas de la final. Es el viejo cuento del fútbol germano, tan rudimentario como exitoso. En uno más de sus habituales repertorios plomizos y cicateros Alemania sacó del torneo a Croacia, que pagó un alto precio por sus errores. Mostró los mejores jugadores de la tarde, hizo el único fútbol y puso mucha más ambición, pero se le cruzaron los cables en dos jugadas decisivas: una absurda mano de Jerkan dentro del área y una entrada brutal de Stimac, con una tarjeta encima y en el centro de la cancha, sólo cuatro minutos después del empate de Suker. Croacia se autoinmoló con el penalti y la expulsión. Dos invitaciones al gol que aprovechó Alemania casi sin querer, porque el grupo de Berti Vogts jamás tuvo otra intención que no fuera refugiarse y sembrar la cancha de baches.Lo único que expuso Alemania fue su fútbol de saca muelas. Asistir a sus partidos es como acostarse en la silla de un dentista. Nada de lo que hace sobre el césped tiene dulzura. Todo es áspero, rudo. Da la impresión de que sus jugadores en vez de linimento reciben antes de cada batalla un masaje con papel de lija. Entró en el partido con cinco defensas y un medio de esos que llaman tapón (Eilts), que no es más que otro defensa disfrazado. Ojo, viéndole jugar no hay que descartar que se trate de un montador de la Mercedes disfrazado de futbolista. A sus costados, Moeller y Scholl, los únicos violines del equipo, y arriba Klinsmann y el torpe Bobie, que no hace muchos años jugaba de portero: el fútbol total.

Con ese traje, Alemania no pudo disimular sus intenciones. Se abrigó lo que pudo -cierto es que coraje y músculo no le falta- y dejó que el encuentro se deslizara a su antojo. Los croatas se abalanzaron sobre ella sin demora. Tienen tantos buenos jugadores de medio campo hacia arriba que su técnico ha decido aglutinarles a todos, aun a costa de desnudar su defensa. De ahí que Stanic, el máximo goleador de la Liga belga sea lateral derecho. O que Jurcevic, el último delantero del Salzburgo, sea interior derecha. Entre todos, aupados por la dirección de Boban y Asanovic -un extraordinario futbolista que fue despedido del Valladolid esta temporada- arrinconaron a Alemania. Cuando Suker ya llevaba tres remates a puerta y los alemanes aún no habían echado un vistazo al área croata, Jerkan metió la mano en una llegada de Sammer. Un azote inmerecido para Croacia, del que Vogts sacó provecho: lesionado Klinsmann, tiró de Freund, otro defensa disfrazado para convertir la media cancha en un polígono industrial. En media hora, Alemania ya tenía siete guardianes. Y, claro, tardó 42 minutos más en aproximarse a Ladic.

Croacia siguió con su empuje. Con Jarni explosivo por su banda y Suker buscando las cosquillas a los gigantones defensas germanos, embistió una y otra vez la portería de Koepke. La precipitación y su incapacidad para asociar sus talentos por su genética tendencia al individualismo, prolongó la agonía de Croacia hasta la aparición de Suker para el empate. Un gol lleno de encanto. Jurcevic se la robó a Freund y se la dejó al madridista para que se midiera con Koepke. Cabía superarle por arriba, o con un tiro delicado junto a un poste. Incluso, con un regate largo que le dejara con las posaderas sobre la hierba. Pero Suker es diferente. Rebañó la pelota con la suela de su bota izquierda y con los tacos encima hizo el amago necesario para la burla. Y todo con a sonrisa pícara que el delantero crota lleva siempre sellada en sus labios.

Alemania no pareció sentirse herida. Su fútbol era incapaz de sostener dos toques seguidos. Todo era una carrera tras otra, y casi siempre de forma atropellada. Y, así, en dos atropellos el partido dio otro viraje inesperado. Primero Stimac se llevó por delante a Freund y se tuvo que ir a relajarse a la ducha. El segundo regalo croata. Y al instante llegó Babbel por el carril del ocho, se estrelló contra Asanovic ante la ceguera arbitral y Sammer fusiló a Ladic.

Punto y final al ejercicio de Alemania. Dio marcha atrás, se puso la manta y se tumbó en su área. En medio del desgarro, Croacia se lanzó a una nueva cruzada y Suker, por dos veces, estuvo a punto de marcar en dos remates de cabeza. Pero el partido ya estaba cerrado. Croacia había cometido dos tropiezos fatídicos, dos resbalones que empujaron a los alemanes hacia la semifinal. La historia de siempre: de nuevo Alemania acaricia el podio de espaldas al fútbol. ¿Y van?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de junio de 1996