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EURO 96

Portugal fustiga la osadía croata

Se sabe de la inagotable cantera del fútbol croata. Pero su seleccionador, el veterano Miroslav Blazevic, quiso exprimirla demasiado y tiró del partido ante Portugal. O, lo que es lo mismo, despreció el primer puesto del grupo. Le daba lo mismo Alemania que Italia, sus posibles rivales en cuartos, así que Blazevic prefirió que siete titulares indiscutibles -Ladnic, Stimac, Stanic,_Asanovic, Boban, Jerkan y Suker- le arroparan en el banquillo. Con relevos de mucha menor altura, Croacia tiñó un partido que anticipaba un fútbol de tocador. Portugal salió con su mejor traje y sin aspavientos, sin grandes alardes, dio un repaso a los croatas. En el césped y en el banquillo. La estrategia de Blazevic condenó el encuentro. Cabría pensar que intentaba resguardar a sus estrellas para los cuartos de final. Pero fue un gesto fatuo. Con su mutilación consiguió un efecto fatal: primero recibió dos goles y ante la más que probable humillación se vio obligado a echar mano de Boban, Asanovic y Suker en el descanso. Les rescató del balneario y todo resultó aún más confuso. ¿No le daba igual el resultado? Además, dio entrada al jugador que más debía proteger, caso de Boban, el eje del equipo, que con una tarjeta hubiera sido suspendido.

En medio de este paisaje croata, Portugal abrochó el partido con enorme facilidad. Favorecido por el gol madrugador de Figo, pudo manejar la jornada con mucha templanza. Sin Suker enfrente y con Prosinecki al volante, Portugal nunca tuvo apreturas. Bajó la pelota al piso y se puso a jugar al fútbol. Algo que hace muy bien. Extraordinariamente bien.

A falta de delanteros puros. que le sirvan de referencia, Portugal ha optado por la táctica del nudo. Consiste en aglutinar a cuatro grandes peloteros -Rui Costa, Figo, Joao Pinto y Sa Pinto- en la media punta para avanzar en grupo a base de apoyos, toques cortos y movimientos constantes que enreden al enemigo. El despliegue alcanza su punto culminante cuando reciben el apoyo de los laterales o alguno de ellos descubre el espacio punzante. Así llego el gol del azulgrana: dos pases pacientes, el lateral que llega como un felino, una pared para darle espacio, un pase al área y Figo que enfoca el espacio justo para noquear a Mrmic. Un monumento al talento colectivo. Croacia quiso empujar, pero de Pamic -una roca de 95 kilos- a Suker hay un trecho sideral. Y de Prosinecki a Boban, no digamos. Portugal le cedió metros y le invitó a coger el mando del encuentro, pero ni así.

Con la entrada de Suker, Boban y Asanovic, Croacia mejoró. Al menos tuvo más peso en el juego por momentos descosió el juego de Portugal, que tuvo que recular hacia la trinchera. Dos paradas enormes del guardameta Vitor Baia acabaron por desesperar a los croatas. Lo adivinó Oliveira, el técnico portugués, y entonces, con el resultado acomodado, mandó a Paulo Sousa y Rui Costa al balneario. Justo lo contrario que había hecho Blazevic. Y es que cada cosa tiene su momento y Croacia, desgraciadamente ausente del fútbol de élite durante muchos años, quizá no recuerde que en este juego la osadía se paga. Y a un alto coste: sus jugadores se fueron de Nottingham goleados, cansados y cabreados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de junio de 1996