¡Qué suerte!
Hay gente en este país empeñada en creer que quien consigue o mantiene un trabajo, es uno de esos afortunados a los que les ha tocado la lotería. El trabajador que a pesar de la permanente crisis económica, los reajustes de plantilla y los contratos temporales, permanece en su puesto laboral, tiene que mostrarse agradecido con la providencia por otorgarle con su varita mágica la suerte que supone hoy en día tener un trabajo.Nuestra Constitución ampara el derecho y el deber de todos a trabajar; por tanto, ni la ventura, ni el destino, ni el azar deberían confundirse con los conceptos de derecho y deber. El trabajo no sólo compensa económicamente; también supone un aprendizaje continuo y concede cierta autonomía y dignidad, condiciones que esta sociedad exige tanto como valora y que se niegan a aquellos que buscan su primer empleo sin encontrarlo, y se arrebata a quienes son despedidos y obligados a engrosar el volumen del paro.
Soy consciente de que la fortuna me ha sonreído. Hace poco perdí mi puesto laboral a causa de un recorte presupuestario que la empresa solventó reduciendo personal. Tras seis meses de intensa búsqueda estoy de nuevo trabajando. Los demás me dicen que he tenido suerte. Puede que sea cierto, pero siempre seguiré manteniendo la firme convicción de que el trabajo es fundamentalmente un derecho, y no deberíamos dejar que la fortuna decidiese concedernos nuestro derecho al trabajo como si de un juego de azar se tratase.- .


























































