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CICLISMO

Abraham Olano, el momento del heredero

El campeón del mundo lanza con fuerza su candidatura para el Giro después de ganar la Vuelta a Romandía

Abraham Olano no es Juan Fernández. El director del ciclista guipuzcoano en el equipo Mapei, viejo zorro tras el volante, tuerce el gesto cuando se le dice que su pupilo es el gran favorito para ganar el Giro. Abraham Olano, en cambio, viste la condición de favorito como una segunda piel. Le ha llegado de forma suave y natural y no renuncia a ella. Es un signo de grandeza."Otra vez volvemos a las andadas", dice. No hay cosa que le fastidie más a Fernández que iniciar una carrera como favorito. Su eterna salmodia: "Ya quieren todos que cojamos la responsabilidad desde el primer día". Huye de ella con el recuerdo aún fresco del Giro'95: Rominger líder desde el primer día y el equipo destrozado en el Tour. Quizás le hubiera gustado al director vitoriano que Olano no se hubiera exhibido en la Vuelta a Romandía, carrera suiza que ayer concluyó con el triunfo del campeón del mundo. "Pero yo sé lo ambicioso que es Abraham", termina Fernández con un suspiro. Sabe que ha llegado la hora del heredero del ciclismo español.

Abraham Olano, de 26 años, no sería campeón del mundo si no fuera ambicioso. Tampoco habría terminado segundo en la última Vuelta si no fuera por su frialdad increíble. "Soy un poco tranquilo", dice Olano desde Suiza. "A veces en exceso. A veces es un punto a mi favor, a veces en contra". Dos virtudes deportivas que a veces asustan a sus próximos. Dos virtudes que fomentan también sus enormes capacidades de trabajo y sacrificio. O de cómo a base de entrenamiento y dieta se convirtió en el hombre que sucederá a Induráin. En el hombre que ha superado la angustia de la influencia del arte del ciclista navarro imitándolo y al mismo tiempo dándole una interpretación personal basada en las enseñanzas de su mentor ciclista, Tony Rominger. "En Romandía he podido actuar al modo Induráin [aguantando en la montaña y remachando en las contrarreloj] porque la carrera se prestaba. a ello. Pero en el Giro será diferente, no podré jugar así. Sólo habrá una contrarreloj [6 de junio, l9ª etapa, 60 kilómetros entre Vicenza y Marostica] y toda la montaña estará concentrada los últimos días".

Y qué montaña. Aparte de los dos finales en alto en días iniciales (Monte Sirino y Pratovenoso) y el Izoard visitado en la 14ª etapa, en las etapas 20ª y 21ª se concentran los mitos italianos: Pordoi, Marmolada, Gavia y Mortirolo. "Evidentemente no podré hacer en absoluto lo que hizo Tony Rominger. Él era el mejor en todos los terrenos, pero mejor que yo en la montaña hay unos cuantos".

Otro signo de grandeza de Abraham Olano es la forma en que ha planificado la temporada, huyendo con seriedad de la maldición del arcoiris, consiguiendo ser uno de los pocos campeones del mundo de los últimos años que triunfa después del Mundial. Ha llevado una preparación lenta, guiada por el médico italiano Michele Ferrari, iniciada en diciembre con una concentración en Suráfrica, alejado de festejos y celebraciones, y concluida hace un par de semanas en Granada, donde se ha machacado haciendo series subiendo Sierra Nevada. "He estado siempre tranquilo", dice. "Si la forma está por llegarte, te llega; y si no ¿qué le vas a hacer?".

Curiosa filosofía la de un ciclista que ha decidido coger su destino con sus manos y que al mismo tiempo deja su futuro en manos de un destino incontrolable.

Casi tan incontrolable como suelen ser las carreras en Italia, y más en el Giro -comienzo, el próximo sábado en Atenas; fin, el 9 de junio en Milán-, prueba en la que debuta. Pero no le asusta la forma de correr en Italia. Lo explica: "Confío en Juan Fernández". Viejo zorro, el director del Mapei, al final, tendrá razón.

Jiménez se rompe la clavícula

La planificación de Miguel Induráin de cara a su sexto Tour sufrió ayer un duro golpe cuando José María Jiménez, uno de los corredores básicos del Banesto para secundar al navarro en las etapas montañosas, sufrió una caída durante la disputa de la Clásica de Alcobendas, que se saldó con rotura limpia de, clavícula. Al ciclista abulense se le inmovilizó la zona afectada antes de trasladarlo a Pamplona, donde se sometería a un reconocimiento exhaustivo y una posible operación. Estará de baja unos 15 días, según los cálculos más optimistas, aunque podrá practicar en bicicleta fija antes de esa fecha.Miguel Induráin no participó en la prueba por haber sufrido una diarrea debido a que le sentó mal la comida el último día de la Vuelta al Alentejo. Sin embargo, antes de decidir renunciar, el navarro había alertado a la organización por lo peligroso que era, a su juicio, el recorrido de la carrera madrileña en sus últimos kilómetros, repletos de rotondas y estrechamientos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de mayo de 1996

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