Remontada en San Lázaro

El Compostela sigue rompiendo pronósticos, esta vez ante el Zaragoza

El Compostela sigue rompiendo todos los pronósticos que anunciaban su caída como fruta madura. Ni el más acérrimo de sus seguidores podía esperar ayer una remontada de su equipo después del horrible primer tiempo que jugó. Pero una vez más el equipo revelación rompió la baraja y realizó lo impensable: remontar dos goles a un equipo que venía de golear al Valencia y hacer tambalear al Ajax. La modestia del equipo gallego hace aún más grande su hazaña.Los alarmantes síntomas de cansancio que dieron algunos de los jugadores claves del Compostela durante el primer tiempo, acabaron olvidándose por la fe que pusieron sobre el campo. Enfrente, el Zaragoza fue ejemplo de todo lo contrario. El campeón de la Recopa volvió a demostrar que su efectividad baja muchos enteros cuando le toca enfrentarse a equipos tan aguerridos como el Compostela.

La única explicación a la indolencia demostrada por el Zaragoza es la falta de objetivos clasificatorios. La derrota le aleja definitivamente de sus mínimas opciones para acercarse a plazas europeas. A partir de ahora deberá mirar hacia abajo para no verse complicado en la promoción o el descenso. Por el contrario, el Compostela ha revitalizado su sueño europeo con dos victorias consecutivas. Según los cálculos de su entrenador ya sólo le faltan ocho para conseguir un objetivo que, después de lo sucedido ante el Zaragoza, ya ha dejado de parecer un milagro.

El partido tuvo dos fases. Hasta el descanso los goles y el juego fueron del Zaragoza. En ese periodo el Compostela no dio una a derechas. Sus jugadores hacían la guerra por su cuenta y no lograban engarzar ni una sola jugada. Mientras tanto, el Zaragoza se comportaba con una frescura inusual a estas alturas de la temporada. Conducido en ataque por Rambert anunciaba peligro en cada una de sus llegadas. Se fue al descanso con dos goles en el zurrón y la sensación de tenerlo ya todo hecho.

Pero nada más reanudarse el juego, un gol de Villena tras el saque de una falta dio un vuelco a la situación. El Compostela llevó el partido a su terreno, el de la ética, y empezó a creer que la remontada era posible. La transformación de los locales fue total. Donde antes había apatía surgió el afán de lucha y las preocupaciones tácticas dejaron paso al ansia de victoria. El Zaragoza se dispuso a aguantar estoicamente el chaparrón, pero un acelerón del Compostela -coincidiendo con la expulsión de Morientes- dejó el partido empatado.

Nadie que hubiese visto el primer tiempo podría explicarse lo sucedido. Sin retocar la alineación, los 11 jugadores del Compostela se habían convertido en insaciables guerreros que no hacían prisioneros y que hacían pensar al Zaragoza que hasta el empate podía ser ya un buen resultado. De nuevo el conformismo volvió a ser su perdición. Ohen marcó el gol que culminaba la remontada y hacía estallar de júbilo a San Lázaro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 11 de febrero de 1996.

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