Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:FELIPE VEGADIRECTOR DE CINE

"A veces miro Madrid y sólo veo los cuartos traseros de los coches"

Felipe Vega, 43 años, viajó Suiza en 1992 buscando los emigrantes que había conocido en los años setenta. No los encontró, pero se topó con el tema de su nueva película. Vio que los hijos de los emigrantes rechazaban a los extranjeros que llegaban y pensó que estaban amnésicos perdidos. En El techo del mundo, Felipe Vega cuenta la historia de un emigrante solidario que pierde la memoria y se vuelve racista furibundo de la noche a la mañana.Pregunta. ¿Por qué cree que los hijos de emigrantes tienden al racismo?

R. Por un lado, se está perdiendo la memoria, y por otro, se favorece esta pérdida. La historia ya no es motor del presente. Porque la memoria no es nostalgia, sino algo activo que te mantiene en una relación crítica con tu propia realidad, y eso ahora no se lleva.

P. ¿Fue difícil tratar con humor un tema que provoca tragedias?

R. El drama, a veces, bloquea en vez de permitirte mirar las cosas. Una de las ideas de la película es que el ser racista es ridículo, con lo cual lo mejor es hablar de un personaje ridículo. El humor permite ver a través de las cosas duras.

P. ¿Lo has visto también en Madrid?

R. Lo queme preocupa de Madrid es el racismo cotidiano. Es bastante frecuente que los lunes en los bares la gente, cuando comenta los partidos de fútbol, se dedique a insultar a los extranjeros. Me parece un síntoma de algo escondido. Hay montones de detalles de racismo en Madrid. No se sabe cómo tratar al extranjero, o hay un exceso de amabilidad forzada o se ignora a las personas.

P. ¿Ha visto cambiar la ciudad desde sus primeras películas?

R. La gente ha cambiado mucho, se ha vuelto más seca, más distante, más europea en el peor sentido. El cosmopolitismo le ha hecho una ciudad más borde.

P. ¿Qué cosas le molestan?

R. El uso del coche y los hábitos de los conductores y esa mentira que se fabrican de que el transporte público es malo y por eso no lo usan. Lo que pasa es que son incapaces de ir a por tabaco sin el coche. A veces miras Madrid y no ves más que los cuartos traseros de los coches. Aunque vivo en Madrid, debo ser muy provinciano y creo que en las ciudades de provincias ahora mismo se vive bastante bien.

P. ¿Cómo es Madrid en sus películas?

R. Antes me decían que sacaba un Madrid muy raro. En Un paraguas para tres, gran parte de la historia transcurría junto al Manzanares, que es un aprendiz de río, pero que en la pantalla parecía mucho más grande. Madrid es una ciudad de conspiradores y corrientes de aire, y si no eres muy ambicioso tienes poco que hacer en ella, y eso no me gusta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de enero de 1996