Kafka, nene
Tomemos, para no andar por antigüedades, el comienzo de la era. Desde entonces venimos gobernados por conceptos, preceptos o valores ternarios: la Divinidad fueron el Padre, el Hijo y el Espíritu San to; el trípode del cristianismo, la fe, la esperanza y caridad; el freno de los instintos, el mundo, el demonio y la carne; la base de las monarquías, Dios, trono y altar, que modificaron los carlistas, dispuestos al holocausto y a escabechar prójimos, en el nombre de Dios, de la patria,y del rey. Por inercia, la revolución se ahínca en el afortunado lema: libertad, igualdad, fraternidad. Para no cansarles, durante 40 años de este siglo vivimos los españoles inmersos en la triple advocación de la familia, el municipio y, el sindicato. No cabe duda. de la fascinación trinitaria, que en cuentra la excepción añeja en los cuatro Jinetes del Apocalipsis y, en los tres mosqueteros, que fueron cuatro. Hoy, nuestra vida depende de otra trinca: el gas, el teléfono y la electricidad, potencias sobrehumanas que sojuzgan al contribuyente y para las que no hay atisbos de redención. Me río yo -con perdón- de los poderes que delimitó Montesquieu; con todo y su enorme peso, el Estado moderno carece de la coacción suficiente para hacerse respetar y, mucho menos, temer. El poderío del pavoroso terceto no conoce la indulgencia, la insumisión o la desobediencia. Me atrevo a insinuar que ni la prescripción, ese bálsamo que sana la herida del tiempo. Lo más lacerante y sarcástico es que se denominan servicios públicos, algo así como la piadosa coartada y las mangas verdes de los sicarios de la Santa Inquisición y el patentado sistema de salvar almas socarrando cuerpos a la brasa. Usted, querido lector y sufrido ciudadano, puede esquivar el servicio militar; si le dejan, defraudar a la Hacienda; negar o racanear los alimentos conyugales, conducá sin cárnet o colarse en el estadio Vicente Calderón un domingo glorioso. No afirmo que sea plausible, ni siquiera posible. Lo más que arriesga es la denuncia, un proceso confortablemente prolongado y, en el peor de los casos, el pago de lo que ha hecho o dejado de hacer. Con estos leviatanes de responsabilidad anónima y limitada se enfrenta usted -y yo, claro- a la ley de la selva, dulcificada por un implacable talión.Pruebe a demorar el pago de la luz. Más allá, un minuto más allá del plazo que la propia entidad marca, se quedará a oscuras, sin distinguir, en la penumbra, la punta de los dedos y, lo que es peor, sin ver a Paco Lobatón o escuchar a Iñaki Gábilondo. Si por causas deliberadas o coyunturales dejó de abonar recibos de teléfono, que quizá ni siquiera fueron pasados al Cobro en su momento, la compañía puede montarle un contencioso que le perseguirá hasta la tumba, con prolongados periodos de letargia procesal. Como esto tiene poco, de satisfactorio y vindicativo, los servicios jurídico-represivos recurrirán a la informatizada memoria, de la que surge el refinado procedimiento sancionador: le impedirán tener un distinto teléfono hasta que haya purgado la vieja deuda, aunque se encuentre recurrida en un expediente donde su voz tampoco será tenida en cuenta, porque usted no tiene voz, ni tiene línea.
Precisamente, en estos días de enero, Gas Natural le rendirá visita pospascual previamente anunciada. Recuerda la obligación que tiene cada usuario de realizar la revisión cuatrienal de su instalación, a través de empresa autorizada y, por supuesto, a su cargo. Si carece de tal certificado de revisión, los inspectores no darán el permiso, "lo que equivale a decir que sus instalaciones y aparatos carecen de la preceptiva documentación para su uso, de acuerdo con la normativa vigente" (sic).
Aquí viene lo kafkiano-manchego: el precepto imperativo e inevitable está, mencionado en la orden 1.582/1994, de 21 de septiembre, emanada de la pomposa Dirección General de Industria, Energía y Minas, de la Comunidad Autónoma de Madrid. Con apenas ano y pico de edad ya luce un vigoroso, carácter retroactivo. Pero ¡que no se mueva nadie!, el generoso servicio gaseoso de "La Revisión con la Inspección" (sic también) puede ser realizado por los mismísimos técnicos que llaman a nuestra puerta, mediante la módica suma de 2.600 pesetas más IVA.
Reflexiónese acerca de que lo sustancial no es el estado saludable de las delicadas y siempre peligrosas instalaciones, sino disponer de un certificado de revisión, librado hace menos de cuatro años, cuando tal requisito no existía. Así que ya lo saben: con estas tres superpotencias no caben el regate, la ignorancia o la resistencia. Tiene la llave, desde. fuera. El agnosticismo les pertenece, pues encarnan literalmente., su significado: Aquello que declara inaccesible al entendimiento humano toda noción de lo absoluto". O sea, a pagar. Y a tocateja, porque no hay alternativa.
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