Música
Grande fue mi alegría cuando encontré en el periódico correspondiente al 18 de septiembre una crítica contra el conservatorío Ángel Arias Maceín, y lo digo porque en él he recibido este año (como supongo que le habrá ocurrido a otras personas) una de mis mayores desilusiones de mis años de estudiante de música. Demasiado tarde me di cuenta de que mi mayor equivocación había sido presentarme a los exámenes de junio como alumno libre, lo cual supone, al parecer, la mitad de un suspenso por anticipado. Me examiné de las asignaturas de flauta travesera (51) y armonía (10 y 21); el mismo día del examen de estas dos asignaturas (21 de junio) intenté averiguar la fecha en que estarían corregidos dichos exámenes: "La semana que viene, o más bien a principios de julio", me dijeron. Y yo, ingenuamente, esperé. Siete días después (28 de junio), llamé nuevamente para preguntar, y me dijeron: "No, no, aún no han salido las notas; llame la semana que viene". Por lo que grande fue mi sorpresa cuando esa misma tarde supe por otras fuentes que ya habían salido las notas, y que además tenía suspendido el segundo curso. Ligeramente molesto me dirigí al conservatorio, donde solicité una revisión de examen; y ellos, lejos, no ya de facilitarlo, sino de, al menos, considerarlo normal, me miraron con cara rara, como si estuviera pidiendo allí mismo un milagro. Y no sólo eso, sino que la jefa de estudios me dijo que era tarde para reclamar, puesto que en la papeleta venía como fecha de corrección ¡el 22 de junio!, es decir, un día después del examen. Además, cuando informé de esta inexactitud, insinuaron que la culpa era mía, puesto que la persona que atiende el teléfono no dispone de esa información (y debemos suponer entonces que se la inventa) y yo no había consultado con la persona correcta. Así que más que contra los tribunales y contra su sistema de enseñanza musical, del que sólo tengo una vaga idea, mi crítica se dirige (con la mayor solidaridad hacia todos los alumnos libres) contra la deficiente organización de ese centro público donde, aparentemente, se entretienen confundiendo y humillando a la gente.-
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