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Tribuna:

El llanto de los caballos

Los campeones, como Julio César, no: saben interpretar ni augurios ni sueños, ni siquiera cuando lloran los caballos. Suetonio cuenta que la noche anterior al cesariecidio el emperador tuvo extraños sueño si en uno de ellos volaba casi cómo si planeara sobre los rascacielos de Nueva York. En otro le daba un fuerte apretón de manos a Júpiter. Por si fúera poco su mujer Calpurnia vio en sueños como el pináculo. de su casa se desmoronaba sobre el cuerpo sanguinolento de su manido. Analistas, entrenadores y parapsicólogos auxilian a los campeones, pero hasta ahora ningún especialista onírico. Los asesinos de César habían previsto. exponer el cadáver emperador colgado de un garfio de carnicero. Sólo hubo que esperar dos mil años para que se cumpliera el capricho gracias al cuerpo sin vida "de Mussolini. El augurio más nefasto hubiera asustado a los, ajedrecistas: los, caballos consagrados al dios:del Rubicón pasaron la noche llorando. La tercera partida, contra todo vaticinio. y, Zraciás a un excelente juego de caballos nada, plañideros, terminó en tablas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de septiembre de 1995

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