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Cartas al director

Buitres de hospital

Madrid, 17 de julio. Empieza a hacer calor. Mucho calor. Creo que elegí un mal día para caer enferma. Como que la cosa no sea nada.Las horas pasan, la temperatura sube y yo no mejoro. Después de agotar todas las posibilidades, ingreso en urgencias del hospital universitario San Carlos (el Clínico).

Hemos llegado mi marido y yo, en coche. He conducido yo, él no tiene carné. El bochorno se hace cada Vez más insoportable. No hay un solo hueco para aparcar. Al final, decido dejar el coche en la calle que separa el Clínico de la Concepción. Son muchas las personas que aparcan aquí, formando una mediana que divide las dos direcciones de la calle: a fin de cuentas no se molesta a nadie.

El sol sigue calentando. Me han dejado ingresada. Yo pensaba que a las puertas del siglo XXI, los hospitales españoles estarían dotados con algo tan básico como el aire acondicionado. Pero no es el caso del Clínico. Aquí, -el calor parece multiplicarse.. Los abanicos no alivian a nadie -algunos familiares llevan ventiladores a los'ingresados-. Las habitaciones son auténticos hornos, no sólo para los pacientes, sino también para todos los excelentes profesionales que trabajan, y de qué manera, en este hospital.

Y, sin embargo, tengo que considerarme una privilegiada. En mi habitación-, al menos hay persianas. Algo de lo que los pacientes de la última planta (psiquiatría) no tienen derecho a disfrutar. Me pregunto si esto es porque alguien cree que este calor abrumador no les afecta. Lo dudo.

La canícula aumenta. Con las prisas se me han olvidado algunas cosa s en el coche. Mi marido baja a por ellas. Pero..., el coche no está. Ha desaparecido. ¿Lo habrán robado? No. La grúa se lo ha llevado.

Esos buitres del asfalto se dedican a hacer su agosto en las puertas de un hospital. Esperan la caída de -la tarde para, en colaboración con la Policía Municipal, caer sobre sus presas con una voracidad insaciable.

Me pregunto si harán lo mismo en lugares donde su intervención pueda ser realmente necesaria.

Me cuesta creerlo, he visto por toda la ciudad coches aparcados en doble fila, en sitios que si dificultan la buena circulación., y ellos no estaban allí o han hecho caso omiso de la infraccion.

La gente que acude a un hospital no va precisamente a divertirse, y si encima les multan con 20.000 pesetas, apaga y vámonos.

Pero bueno.. Ya hay bastante preocupación como para añadir un motivo más. Se, paga la multa y ya esta.

¿Ya está? No. El astro rey está ahora en plena ebullición.

Si al menos el dinero recaudado con las multas a las puertas de los hospitales se empleara en la instalación de aire acondicionado, nuestro sofoco sería menor Pero no.

Sólo espero no volver a caer enferma en verano.-

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