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Pedroso voló en la niebla

El saltador cubano batió en Sestriere el récord mundial de longitud con 8.96 metros

El saltador cubano Iván Pedroso voló ayer entre la bruma de los Alpes y batió el récord mundial de longitud por un centímetro. Con 8,96 metros se quedó a sólo cuatro de la mítica barrera de los nueve metros. El joven habanero de Guanabacoa, según presagiaba su calidad en los últimos años, entró en la gloria de una prueba de leyenda con precedentes lejanos como Jesse Owens, Ralph Boston o Igor-Ter Ovanessian, y los tres más cercanos, como Bob Beamon, Carl Lewis y Mike Powell, el plusmarquista destronado, el hombre que con un salto de 8,95 acabó en la espléndida final de los Mundiales de Tokio 9 1, en lucha con Carl Lewis, con los 23 años de la fantasía que supusieron los 8,90 de Beamon.Había niebla en el estadio de Sestriere ayer por la mañana. Pese a la época, no es extraño que eso suceda en la estación alpina italiana, fronteriza con Francia, sede habitual de pruebas invernales de la Copa del Mundo de esquí. Sestriere está a 2.035 metros de altitud y el estadio es como un aeropuerto entre montañas. Todo el mundo esperaba al británico Jonathan Edwards, la gran estrella del triple salto, pero surgió la confirmación de Pedroso, una de esas joyas caribeñas que ha sacado la revolución cubana, el último reducto al Oeste del estilo ya hundido de los países del Este. En su sexto y último salto batió el récord del mundo que amenazaba. Esta misma temporada había saltado 8,68 en Lisboa y 8,71 en Salamanca, la mejor marca mundial del año y la suya personal. En marzo, en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, a nivel del mar, hizo 9,03 con viento. Era todo un predestinado.

Pedroso, tras pasar por primera vez de los 8 metros en 1990 (8,06), hizo 8,22 en 1991 y en 1992 fue cuarto en los Juegos de Barcelona con 8,11, aunque es mismo año alcanzó los 8,53 y 8,79 con viento. Ya era una joya en potencia. En 1993 saltó 8,49 y en 1994 se lesionó, no pudo ir a los Mundiales de Stuttgart y se quedó en 8,25.

Pero ha vuelto y de qué forma. A sus 22 años es una pequeña bomba de 1,77 metros y 75 kilos, bien diferente en morfología a los últimos grandes saltadores: 1,91 y 70 de Bob Beamon; 1,85 y 77 de Powell, y 1,88 y 79 de Carl Lewis, que despreció saltar en altitud entre otras oportunidades, por lo que se quedó con la miel en los labios ante Powell en Tokio con 8,87 legales y 8,91 con viento.

El concurso de longitud ayer fue el primero de la reunión. Comenzó a las 10 de la mañana entre la niebla y con el frío nadie podía augurar nada bueno. Menos aún para un cubano. Incluso el fuerte viento a favor parecía que anularía cualquier intento. Pedroso hizo nulo el primer salto. Pero en el segundo cogió bien tabla y se fue a unos impresionantes 8,89, aunque con 2,40 metros de viento favorable. Luego hizo un nulo, falló el cuarto salto con 7,80, hizo unos discretos 8,30 en el quinto y explotó en el último cuando el viento había bajado un momento a 1,2 reglamentarios. Batió con el pie derecho justamente al límite de la tabla y tras la triple tijera cayó entre la niebla casi al final de la arena del foso de saltos. Se lo jugó todo a una carta como suele ocurrir en tantos récords y le salió bien. Además de la gloria, ganó de paso el Ferrari 355 Spider de 17 millones de pesetas, que la organización de Sestriere concede a los que baten un récord del mundo.

Desde 1988 sólo se lo había llevado, el año pasado, el ucranio Sergei Bubka, cuando subió su plusmarca de pértiga a 6,14. Ayer se quedó en 6. Como siempre, fue una de las últimas pruebas. Para entonces había despejado la niebla y a Pedroso ya le daba igual. Pero no lo pudo evitar- "Con un poco de sol me hubiera ido mejor", dijo.

La beneficiosa altitud

Iván Pedroso, como Bob Beamon el histórico 18 de octubre de 1968 durante los Juegos Olímpicos de México, se vio favorecido ayer por la altitud de Sestriere. La penetración en el aire es mayor con menor gravedad y eso supone una ventaja indudable para las pruebas de esfuerzo explosivo, anaeróbicas, en las que no influye la mayor carencia de oxígeno como en las aeróbicas, de fondo. Se calcula que la mejoría puede oscilar entre 15 y 20 centímetros. Por eso, teóricamente tienen más valor los 8,95 metros de Mike Powell en 1991, obtenidos a nivel del mar, en Tokio.De todas formas aunque incluso se planteó la posibilidad de diferenciar los récords según la altitud, la idea no cuajó por la dificultad de establecer las fronteras. Influyen muchos otros factores. Ayer, por ejemplo, Pedroso tuvo la suerte de un viento más leve en el momento justo. Beamon, en México, unas condiciones ideales y un viento exactamente en el límite reglamentario, que siempre creó sospechas.

De los 2.300 metros de México, por cierto, aún permanecen los 19.72 segundos en 200 metros del italiano Pietro Mennea, récord mundial en la Universiada 79.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de julio de 1995

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