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LIGA DE CAMPEONES

El Barça se hipoteca en Estambul

El Galatasaray remonta en la segunda parte un gol inicial de Romario

, El Barcelona se tragó el farol. El Galatasaray lanzó una apuesta más que osada. Iba a meterle dos goles, iba a ganarle. Y un desfigurado Barcelona echó mano de estadística y estampa para tragar el anzuelo. No habían sumado dos goles los turcos en toda la liguilla, no habían ganado un solo partido no ya en ésta, sino tampoco en la anterior liguilla. No perdía el Barcelona desde nueve encuentros atrás. Una racha que le dejó amnésico. No recordaba que en Gotemburgo perdió un partido calcado al de ayer. Su virtud degeneró en indolencia. Logró un tanto inicial y jugó con el viento de la estadística a favor: ganaba y ganaba el Gotemburgo al Manchester, tenía la clasificación para cuartos de final en el bolsillo. Y así fue dejándose mecer en la autocomplacencia de su diletante juego y la subestima del rival.

La de ayer fue una derrota idéntica a la de Gotemburgo. El mismo marcador, el mismo orden dé llegada de los goles. Pero el desastre de ayer congeló su imagen creciente e hipotecó su Clasificación a un nuevo, último y agónico partido con el Gotemburgo. El Barcelona dejó en Estambul una patina de conformismo que degeneró en capitulación.

Amansado por la falta de horizontes, pero tocado en su orgullo e hinchado por la mera posibilidad de torpedear el trazo azulgrana, el Galatasaray aprovechó la llegada de un rival sin air bag ni barras laterales que acabó recibiendo un mamporrazo de los que hacen daño.

El Barcelona escrutó el cariz del partido antes de cargar sus cañones. El Galatasaray jugó con las cartas boca arriba. Delató su ansiedad por manejar el asunto y tomar ventaja con una presión delirante. Pero como único recurso bombeó balones confiando en conectar con los 188 centímetros de su delantero centro, Hakan. Una táctica caligrafiada después de los 25 saques de esquina que habían botado los turcos en su anterior encuentro con el Gotemburgo, y obstinada, puesto que los suecos la salvaron con victoria por, 0- 1. Cruyff situó las baterías antiaéreas descolgando a Abelardo de la alineación. Es un buen cabeceador el asturiano, pero Nadal también y, además, le saca siete centímetros ( 1,80 por 1,87). Rexach anunció que la consigna era enfriar los ánimos desesperadamente atacantes de los turcos durante los 20 primeros minutos.

Cruyff dejó a su hijo Jordi en el banquillo en beneficio de Eusebio, que marcó a Mapeza, mientras que Ferrer se encargó de Suat en los emparejamientos más rotundos. Ni se vio agobiado de salida el Barcelona ni tuvo que esperar los 20 minutos que auguró Rexach. Al cuarto de hora el dispositivo azulgrana ya había aprovechado las carencias técnicas y el defectuoso acarreo del balón de los defensores locales. Fue Romario quien aprovechó el inocente fallo de Sedat y, con su gol, propició un cambio de decoración. El Barcelona ya no tenía bastante con verlas venir. Tenla que- controlar. Un ejercicio al que es propenso. Pero sucedió justamente lo contrario de lo presumible. El Galatasaray quemó sus naves. Envió a Mapeza al frente y empezó a robar los balones de los que la, medular azulgrana no supo cuidar.

Busquets se convirtió en el punto de referencia del Barcelona. Un disparo de Suat (m. 29) y un cabezazo de Mapeza (m. 41) le permitieron tranquilizar a sus compañeros, pero también evidenciaron los bajos biorritmos del equipo azulgrana. Otra intervención suya (m. 38), con la colaboración de Koeman, hizo patente la nula predisposición de los turcos al remate. Bulent se quedó sólo ante Busquets, pero jugó como si no existiera portería, esperó, nadie sabe bien qué en un resumen de la ceguera de los suyos ante el gol.

El partido se descerrajó en el segundo tiempo. Guardiola se fue al banco y Nadal pasé al centro del campo para dejar sitio a un Abelardo que ya no tenía que cuidar tanto de los, centros sobre Hakan, porque el Galatasaray sólo llegaba en contraataque. Pero en sucesivas oleadas. Sin control en el centro del terreno, el balón enloqueció.

El partido había, descarrilado por completo. Se había desviado del trazo presumido. Tan pronto era Romario quien disfrutaba de una ocasión como Busquets volvía a ser el único recurso azulgrana. Romario y Stoichkov tocaron el cuero, pero no conectaron entre ellos. El gol llegó de la única forma posible que lo puede hacer para un equipo austero y estéril. Un penalti de Ferrer permitió que el Galatasaray marcara su segundo tanto en la liguilla. Restaban 20 minutos. El Barcelona no corrigió errores. Siguió permitiendo el descontrol y la apuesta de farol del Galatasaray. El Barça fue retrocediendo tanto que Busquets acabó por pasar la línea de meta con el balón en las manos. Fue la sentencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de noviembre de 1994