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NECROLÓGICAS

Brian Dutton, hispanista inglés

Mi primer encuentro con Brian Dutton, fallecido el pasado 21 de octubre, me lleva a un bello otoño del medio oeste norteamericano, en Madison, hace 12 años. En aquel momento estaba vinculado a la Universidad de Illinois-Urbana (había servido antes en Illinois-Chicago), un prestigioso centro público donde pasó largo tiempo, en concreto hasta 1986, después de haberse desplazado a Estados Unidos desde su Gran Bretaña natal.Ni él ni yo sospechábamos entonces que en breve cambiaría los infinitos campos de cereal y maíz de Illinois por los bosques de Wisconsin, cuya capital da acogida a uno de los centros más prestigiosos para el estudio de los textos españoles del Medievo: el Seminario de Madison, fundado por un discípulo de Ramón Menéndez Pidal, Antonio García Solalinde. Aquí, Brian sacó adelante una de las empresas fisiológicas más ambiciosas y esperadas: tras haber localizado más de 800 poetas y unos 7.000 poemas distintos en cancioneros manuscritos, incunables y posincunables, Catálogo-índice de la poesía cancioneril del siglo XV, (1982), los publicó en seis gruesos volúmenes in-folio (es su Cancionero castellano del siglo XV, 1990-1991). Su tarea se re mató este mismo año al editar la perla de tales antologías poéticas: el Cancionero de Baena, que preparó con su inseparable amigo Joaquín González Cuenca.

Claro es que a esas alturas la sabiduría y el tesón de Brian no se le escapaban a nadie por su estudio edición de ejemplares de las obras completas de Gonzalo de Berceo (entre 1960 y 1984) y, sobre todo, por su re veladora Vida de San Millán de la Cogolla.

Junto a esas y otras investigaciones que no puede olvidar ningún especialista (así, su reciente edición del Lilio de Medicina, de Bernardo de Gordonio, fascinante tratado médico medieval), deseo recordar su profundo conocimiento acerca de dos disciplinas que sólo abordó de forma esporádica en ciertos escritos: la ornitología (brindó muchos de sus materiales a Keith Whinnom cuando redactaba su A glosary of spanish bird names) y la botánica (no sólo descriptiva, sino también histórica), en las quiera todo un maestro.

Aunque de constitución hercúlea, Brian siempre tuvo problemas de salud, como una. úlcera que era motivo de infinitos cambios de humor y serios problemas respiratorios derivados, en gran medida, de su afición al tabaco. Todos nos preocupamos cuando, hace dos años le fue detectada y extirpada una tumoración pulmonar de la que acabamos por olvidarnos; sin embargo, al final de este verano sufrió un infarto que lo tuvo en coma durante días y que fue preludio de otro que segaría su vida el día 21 de octubre, a los 59 años.

Brian deja mujer, dos hijos, una hermana (su hermano menor, ingeniero de minas, murió de forma heroica hace muy pocos años, cuando intentaba salvar a varios mineros sepultados) y muchos amigos; con todo, la magnitud de su obra, de acuerdo con el antiguo tópico literario, hará que su memoria nos sobreviva por muchas décadas.

Nuestro afecto y dolor se revelan en el título del que será su homenaje póstumo, Nunca fue pena mayor, escogido también por cuanto corresponde al primer verso de un breve y bello poema de cancionero, exitosísimo en sus días y tan grato a Brian que lo tenía por su predilecto- profesor de Filología Española de la Universidad Complutense de Madrid

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de noviembre de 1994