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MOTOCICLISMO GRAN PREMIO DE EUROPA

Con la miel en los labios

Los españoles fallan en Montmeló tras la caída de Aspar y el cuarto puesto de Crivillé

Jorge Martínez, Aspar, acabó en la clínica del circuito de Cataluña y Alberto Puig se marchó con los ojos empañados de rabia y de dolor. A Àlex Crivillé se le quedó una media sonrisa forzada y a Herri Torrontegui un pie dolorido. Emilio Alzamora sólo pudo maldecir su mala suerte, Carlos Giró se retiró penalizado, y Luis D'Antin -lesionado- el sábado, fue un espectador más. Para los pilotos españoles la fiesta de Montmeló acabó casi en un mar de lágrimas. La sonrisa la puso el italiano Max Biaggi, que se adjudicó la prueba de 250cc y el título mundial. Y también los vencedores de las otras categorías, el italiano Luca Cadalora (Yamaha 500cc) y el alemán Dirk Raudies (Honda 125cc).El cuarto lugar de Crivillé y el séptimo de Puig en la categoría reina, junto con el esperanzador noveno de Carles Checa en 250cc, fueron el pobre bagaje numérico que al final dejó a los españoles el Gran Premio de Europa, la última carrera de la temporada disputada en el circuito de Cataluña, en Montmeló.

Fue un día nefasto, de mala suerte. La actuación española se quedó en lo que pudo ser y no fue. Pudo ser un éxito de Puig, que encabezó la carrera reina durante las primeras ocho vueltas, entusiasmando a su público. Pudo ser un merecido podio para Crivillé, que se quedó a décimas de una tercera posición por la que peleó casi toda 14 prueba. Pudo ser un nuevo triunfo de Aspar en la explosiva pelea de 125cc.

Esperanza en el futuro

No hubo podio español, no hubo festejo. Sin embargo, quedó claro que sobran los argumentos para creer en el futuro del motociclismo español. El programa se abrió con la carrera de 250cc, la única que decidía un título mundial. Durante media carrera la batalla fue brillante, con media docena de pilotos alternándose en cabeza. Después, Biaggi pegó un tirón y sentenció la prueba y el campeonato.

El piloto italiano de Aprilia realizó una exhibición que secundaron sus compatriotas Loris Capirossi y Doriano Romboni (Honda), segundo y tercero. El otro candidato al título, el japonés Tadayuki Okada (Honda), sólo pudo ser cuarto. Con su triunfo, Biaggi dio a Europa la única corona individual de la temporada. Por parte española, el joven Carles Checa (Honda) hizo una magnífica salida y después su moto privada le fue relegando hasta el noveno lugar. También puntuaron Luis Carlos Maurel (Honda) y Miguel Ángel Castilla (Yamaha).

Tras la coronación de Biaggi, llegó el momento más esperado. Y cuando el semáforo dio luz verde a las máquinas de 500cc, el circuito rugió mientras uno de sus héroes, Alberto Puig, encabezaba la fila de notables. La ilusión duró ocho vueltas, el tiempo que tardaron los brazos en torturar otra vez al piloto barcelonés. "No he podido aguantar más dijo después, con los ojos vidriosos tras terminar sólo séptimo.

En apenas una vuelta, hasta cinco rivales adelantaron a Puig. Entonces la fila se estiró y el italiano Cadalora se escapó hacia la victoria. Detrás, se pasaron y repasaron. Y en el momento decisivo, Crivillé intentó un adelantamiento casi imposible, las dos motos se tocaron y Kocinski acabó subiendo al cajón. "Me da rabia, estoy contento y enfadado a la vez, pues era importante subir al podio aquí", explicó Crivillé, que, no obstante, se aseguró ayer su continuidad con el equipo oficial de Honda. Su cuarta posición fue el mejor botín español de la jornada. Le sirvió además para terminar sexto del Mundial, justo detrás de su amigo Puig, en quien recayó el honor de ser el mejor español de la temporada. Juan López Mella (Suzuki), por su parte, se clasificó 13º.

La primera oportunidad de éxito local había pasado, pero quedaba la segunda. Los 125cc acababan de dar en Argentina el primer triunfo español del año de la mano de Aspar. El propio piloto valenciano fue el encargado de ilusionar, ya que Giró, Alzamora y Torrontegui tuvieron que abandonar.

Su lucha con un grupo inmenso de pilotos, con una guerra de rebufos y un aluvión de frenadas -maniobra en la que volvió a demostrar que es un maestro-, acabó resolviéndose en la última vuelta. Parecía que Aspar iba a repetir la hazaña. En la penúltima curva, no pudo mantener el equilibrio y se cayó. "Quería ganar, tenía que intentarlo", dijo. El triunfo fue para Raudies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 1994