Retraso secular
Hace unos días tuve la oportunidad de conocer, gracias a la publicidad, los nuevos servicios que ofrece Renfe a los usuarios del AVE. Se trata de la devolución del importe total del billete en caso de que el tren llegue con más de cinco minutos de retraso.Ante tal noticia me quedé sin palabras, porque desde hace unos años soy usuario de la línea que circula entre La Coruña y Vigo, concretamente el tramo Santiago-Vigo, y conozco las disposiciones que establece Renfe para indemniznar a los afectados por los retrasos.
Tales disposiciones resultan bastante claras: es necesario que el retraso sea de, al menos, una hora para tener derecho a alguna indemnización, y a partir de entonces se abonará un 10% del, coste del billete por cada hora de retraso (no se paga con dinero, sino con bonos de descuento). Es decir, para tener derecho a la devolución del importe total del billete es necesario sufrir un retraso de 10 horas, cuando el trayecto al que me refiero es de una hora y 45 minutos.
Teniendo en cuenta que, según datos de la propia Renfe, la velocidad media en este trayecto ronda los 60 kilómetros por hora, frente a los ciento y muchos del AVE, la proporción entre retraso e indemnización resulta grotesca y agraviante para los que sufrimos el gran retraso secular en materia de infraestructuras.
En vez de garantizar unas condiciones de eficacia mínimas en las líneas que además de cumplir una función social, son de las más rentables del Estado, Renfe se dedica a desmantelar otras cuya mala gestión hace que tengan poca demanda, y, mientras tanto, ofrece condiciones idílicas a los usuarios del AVE, que, para colmo, también tienen a su disposición las líneas convencionales. Supongo que con esto pretenden aumentar el número anual de viajeros en alta velocidad ante la vista de unas cifras que delatan que llevarla a Sevilla fue una simple maniobra de exhibición durante la Expo, en la que las prioridades debieron ceder ante la propaganda.
Una empresa cuyo déficit pagamos todos no puede permitirse la audacia de favorecer con tales medios a un servicio de élite, como es el AVE, mientras en el resto de la red ferroviaria estatal no sólo no se realiza ninguna inversión, sino que a la desatención se une la supresión de líneas-
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