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El duque sin botas

Grandes de España agasajan al octavo duque de WeIlington

Para evitar inútiles redundancias, el octavo duque de Wellington no apareció calzando botas WeIlington en el hotel Wellington, sino escarpines de charol y, del empeine arriba, un esmoquin entallado con dobladillo en las mangas. El pasado miércoles, los 175 invitados a la cena anual de la Fundación Hispano Británica clavaron sus devotos ojos en los pies del duque con más curiosidad que en su rostro de amapola. Grandes de España inclinaron la testuz a su paso. Y un noble tartamudeo invadió el salón ahumado por la pipa del embajador del Reino Unido en España.Fue entonces cuando lan Michael, hispanista en la Universidad de Oxford y autor de seis novelas de crímenes bajo seudónimo (David Serafín), confesó: "¡Dios mío, nunca vi tantos duques en tan pocos metros cuadrados!". Y al momento me presentó al duque sajón: "Vuestra gracia", le dijo, "este periodista quiere preguntarle algo". El duque de Wellington hizo un movimiento de instintivo repudio: "No, no quiero preguntas políticas". Conciliador, el hispanista de Oxford insistió: "Vuestra gracia, este periodista sólo se interesa por las botas Wellington...". Así, el octavo duque de Wellington reveló que las botas Wellington ideadas por el primer duque de Wellington eran unas botas de piel hasta las rodillas y se ocultaban debajo del pantalón, sin tener nada que ver con las vulgares botas de goma, aunque su aplicación inicial fue el lodo hispano durante la guerra contra Napoleón, tiempos en los que el carruaje ducal cayó al Tajo. Y j eso era todo. "Vuestra gracia, muchas gracias", balbuceé ante el duque, "De nada", replicó él.

La cena llegó a los postres y, el embajador, británico golpeó su copa para que la concurrencia se pusiera firmes en el doble brindis por el Rey de España y la Reina de Inglaterra. Y el decano de la Diputación de la Grandeza, duque de San Carlos, hizo una perorata sobre la nobleza. El uso de un título, dijo, impone servidumbres que se deben cumplir con dignidad, una sutil alusión al duque de Feria, oveja negra de la grandeza sentada hoy en el banquillo de los acusados. El orador abrió el hogar de los Wellington: "Son muy amantes de lo español. Plantan higos en su finca. Comen gambas al ajillo. En su casa de Inglaterra beben más fino que whisky escocés. Y Mariquita, su cocinera, hace dulces españoles...".

Ufano por tanto elogio, el octavo duque de WeIlington hizo uso de la palabra, primero en un español propio de pastores y cabreros (así lo definió), y luego en su lengua, en la que disertó sobre cetrería y monarquía.

Culminó el acto con la entrega de la Orden del Mérito Civil al presidente de la Fundación Hispano Británica, Roger Fry, hombre de elevada estatura, quien tuvo que doblar el espinazo para que el diminuto representante ibérico le atara la cinta alrededor del pescuezo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 1994