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Reportaje:

La vida, desde dentro de una cabeza rapada

Los 'skin-heads' se declaran católicos, incomprendidos sociales, violentos si les provocan y adictos a los videojuegos y a la 'Bola de Dragón'

SARA GARCÍA CALLE, ¿Qué hay en el interior de una cabeza rapada? Ninguno de los jóvenes skin-heads consultados por este periódico ha querido salir identificado, pero todos insisten en que los medios de comunicación mienten sobre ellos y que la sociedad desconoce todo lo que sucede dentro de una cabeza rapada.

"Cuando dan palizas a los skin no sale en la televisión", alega Manolo -el nombre, como todos los que aparecen en este reportaje, es ficticio-.

La mayoría de los entrevistados indicaron que su procedencia social es humilde -viven en barrios obreros como Usera o Vallecas-, muy distinta a la imagen de pijos que dicen habérseles adjudicado. Ante todo, se declaran "gente normal", incomprendida por la otra gente normal que conforma la sociedad. "Limpiamos las calles y nos echan la culpa".

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El bautizo les llega con un rapado a fondo del pelo. "He sido fascista desde siempre y empecé a conocer skins en el fútbol", confiesa Antonio. La frontera, en forma de maquinilla, la traspasó una tarde de invierno de hace dos años. "Me lo iba a cortar corto, pero me dio el venazo y me lo rapé", añade.

La reacción maternal es siempre la misma. "Cuando me vio mi madre se puso histérica", explica un skin seguidor del Real Madrid (Ultra Sur). "La mía me preguntó que por qué me lo había cortado, porque parecía que había salido de la cárcel", explica otro jovencísimo skin, hijo de un electricista y de un ama de casa, residente en un barrio perifércio del sur.

Pasar por genuino cabeza rapada ante el resto de la pandilla obliga a rasurarse cada 15 días. La pereza y los disgustos que se llevan los padres hace que muchos luzcan un corte normal.

Alopecias provocadas aparte, la xenofobia es otra marca de la casa. Les une un odio a los miembros de otras razas que no sea la suya porque consideran que quitan trabajo a los españoles.

Ante la sugerencia de que hay empresarios que no encuentran españoles para trabajar en la construcción o en el campo o de empleadas del hogar, contestan las chicas skin: "Somos los primeros que nos quejamos de que los burgueses cojan muchachas extranjeras para pagarles la mitad de sueldo que a las españolas. No porque los sueldos sean demasiado altos, sino porque los negros piden la mitad".

Los negros en su país

"Estamos en contra de todo lo que no sea de nuestra raza" "Que los negros estén en su país no nos importa", dice otro rapado cuyos padres trabajan como administrativo y ama de casa.

-¿Por qué pegáis a los extranjeros?

-Es como una venganza contra ellos- responde automáticamente un joven.

-¿Qué te han hecho?

-Los negros venden la droga y están haciendo de España un país peligroso.

Precisamente el problema de las drogas es sobre el que brotan más contradicciones. La mayoría se declara contraria a las drogas y defienden las palizas a los yonkis y rechazan a los negros "por vender drogas" y a los punkis por ser unos "drogatas de mierda". Pero otros reconocen que se colocan con todo tipo de sustancias.

Un miembro del sector crítico de los rapados de Madrid echa por tierra la imagen de antidrogas que quieren dar. "Los hay que critican la droga y, a lo mejor están dándole que te pego". "¿Yo? Las cosas son como son , a lo mejor me fumo un porro. Otros van de éxtasis, los hay que se ponen de coca o se toman un tripi (ácido). Pero no somos de grandes fiestas de lujo".

A la hora de colocarse, pero con una chica, también plantean posturas contradictorias. "Las relaciones prematrimoniales son contrarias a lo que piensa la Iglesia, pero estoy a favor de ellas. Todo el que tiene novia está claro que no está mareando la perdiz", explica un rapado realista. Se declaran católicos, pero la mayoría no va a misa. Un miembro de 22 años, seguidor del Atlético, se define: "Soy católico. Creo en Dios, en la Virgen y en quien haga falta".

¿Qué pasa si les gusta una chica y no comparte sus ideas? Contestan las chicas. "Los hombres son iguales en todo el mundo" . Uno del Frente Atlético no renunciaría al amor por motivos políticos, aunque reconoce que habría problemas. "No me gustaría nada que fuera de izquierdas, pero si lo único que hace es votar y el resto del tiempo no habla del tema..., encantado".

Mientras que ninguno de los chicos se ha planteado ni trabajar ni formar una familia. Las mujeres rapadas, que se expresan con más fluidez que los hombres, parecen más preocupadas por el futuro. Incluso quieren reflejar una imagen más dura: "Llevo un año buscando trabajo, pero como hay tan poco, por eso no lo encuentro", comenta irónica una rapada parada. Su tendencia skin le acarrea problemas con sus padres: "Por todas las trolas de los periódicos se piensan que voy con mala gente".

"Por hacerse notar"

Los grados de violencia van paralelos "al gusto por hacerse notar", comenta Juan. "Y como los sacáis en los periódicos, muchos viven de sus leyendas. Hacen una barbaridad y ya tienen una batallita que contar. Les gusta que hablen de ellos", añade este rapado que reconoce haberse distanciado de las pandillas.

Todos los consultados coinciden en que la sociedad no comprende su filosofía de la vida. Para justificarse cuentan que "las señoras nos dan las gracias cuando espantamos a los yonkis". Uno de los más exaltados del grupo de Ultra Sur no se inhibe: "Nos ponemos como el Kiko de pegar patadas, pero no a la gente normal". Otro matiza: "No somos violentos, siempre y cuando no utilicen la violencia con nosotros".

¿Por qué atacan por la calle sin ton ni son? Ante esta pregunta comienzan a hablar de oscuros ataques a skins e, incluso, de rapados muertos "que nunca salen en la televisión".

Cuando se les piden datos sobre estos incidentes, -dónde y cuándo fue el ataque, en qué hospital le ingresaron, cómo se llaman los heridos o los muertos- no aportan ningún dato. Otros razonan, más fríos que el hielo, que si alguien recibe un navajazo de un rapado, "algo habrá hecho".

La violencia condiciona hasta sus gustos. Uno de sus programas de televisión preferidos es Bola de Dragón. Goku, el muñeco protagonista, es la estrella: "No veas si mola, da unas hostias espectaculares". Otros confiesan vicios y aficiones más o menos toleradas por la sociedad, como los videojuegos. "Leer, lo que se dice leer, no creo que lea ninguno de nosostros. Por lo menos, en mi caso, no leo nada", reconoce un rapado que trabaja de dependiente.

Otra chica de 19 años, que asegura ir a misa todos los domingos, explica que se hizo rapada cuando hace tres años un hombre de raza negra le llamó "puta extranjera" en Kansas (Estados Unidos). "Me fui dando cuenta de que, cada persona, en su país, y Dios, en el de todos".

Ella parece no compartir la violencia gratuita, "porque no van a cambiar nada", pero tiene muy claro que Ios dos mayores problemas del Estado son las fuerzas de defensa y la información". "La policía a la extrema izquierda no la trata con tanta represión como a nosotros".

Y en cuanto a la prensa, "no nos creemos la historia que escriben los demás". "No nos fiamos de la prensa", insiste otro.

Los cabezas rapadas de este reportaje pertenecen a la generación de la semana de vacaciones, justo el significado que tuvo para muchos de ellos la muerte de Franco. Pero hoy admiran al dictador, igual que a José Antonio Primo de Rivera y a Ramiro Ledesma Ramos (ambos formaron parte del triunvirato que dirigió la Falange Española de las JONS).

De Ledesma Ramos sólo explicaron que "es un personaje histórico español". Ante la insistencia por conocer su admiración por Ledesma sólo uno aclara algo: "Fue un gran admirador de España, y además hizo muchas cosas por ella". A pesar de admirarlos, la mayoría de los entrevistados no celebra el 20-N.

En cuanto al ocio, viernes, sábado y domingo son los días favoritos de las bandas. O, mejor dicho, las noches. Su horario de trabajo es de seis de la tarde a seis de la madrugada. Las zonas favoritas son Centro, Chamberí, Chamartín y las localidades de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes.

Un color odiado

En cuanto al color más odiado, lo tienen claro, y su aversión más profunda se desliza hacia todo lo que parezca rojo. Una vecina de Aravaca explicaba horrorizada esta semana cómo ha presenciado, en pocos meses, dos palizas a manos de los cabezas rapadas, siempre en la zona de Argüelles. "Me quedé como hipnotizada al ver cómo apaleaban y daban patadas a un chico con una cazadora roja. La calle estaba llena de gente joven y ni uno solo hizo nada. Lo sociológicamente terrible es que se han apoderado de la sociedad".

"Mi hermano hace unas semanas", cuenta un adolescente, "vio cómo unos cabezas rapadas se acercaron a un chaval en la Puerta del Sol, le levantaron la cazadora y al ver que no llevaba nada de color rojo lo dejaron".

El color rojo está presente en muchos apaleamientos o agresiones de los rapados. El estudiante del instituto Ramiro de Maeztu apuñalado hace una semana llevaba una sudadera de color rojo.

Pero no sólo utilizan la violencia contra quienes portan determinados colores. Tampoco respetan la libertad de religión. Hace apenas unos días, varios chicos que enarbolaban símbolos nazis apalearon a un muchacho de 16 años.

Le quitaron la cartera y cuando vieron en ella un carné de testigo cristiano de Jehová, se enfurecieron aún más. Uno de ellos comenzó a golpearle sin piedad en el rostro con un puño americano. Su delito era ser testigo de Jehová y negarse, como pretendían sus agresores, a besar la bandera española y el signo de la esvástica. El muchacho sufre un fuerte trauma, según ha confesado a la policía.

Disfrutar con los travestidos

"Soy cabeza rapada porque me gusta, porque me identifico con ellos. Pero no soy de los que me estoy pegando cabezazos con todo el mundo. Yo voy a lo mío". Su aspecto es el de un rapado de los pies (botas militares con una chapa de acero en la punta -"que te pueden sacar de un apuro"-) a la cabeza (como una bola de billar). A su juicio, "pegar una puñalada es una cosa muy gorda, hay que estar un poco loco. Ahora, pegar con la mano no es malo".Tras esta declaración de principios, el rapado madrileño reconoce haber hecho alguna que otra pirula. "¡Ah, lo típico!". Y habla sobre una tarde que estaba él con sus amigos en un parque de su barrio. "Había una pandilla de cinco chinos con sus novias que empezaron a hacer el tonto con las motos". Esto le sentó un poco mal. "Porque yo tengo una moto y no me meto por el parque".

Así que se dirigió hacia el grupo de orientales para reprenderlos. "Estuve un poco chulo", reconoce, "pero empezaron a hablar en chino y a reírse y cogí y le di cabezazo a uno".

El rapado se asustó un poco cuando vio "que uno se ponía en posición de kárate, pero luego no tenía ni idea". Total, que se armó la marimorena, aunque el protagonista de la pelea no parece darle mucha importancia.

Lo que sí le gusta recordar son sus episodios con los travestidos que trabajan en los aledaños del paseo de la Castellana. "Con eso sí que disfruta uno", se relame. "Te acercas a ellos y les pegas sin mediar palabra", cuenta sin piedad.

¿Dónde está la diversión? "En ver a un o vestido de tía corriendo escapando de nosotros. Siempre te ríes". Hubo una temporada en que iban cada dos por tres "por la novedad". Ahora ya van menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 1993

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