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"Prefiero dormir tranquilo"

Marcos Domínguez devolvió los dos millones que olvidó un cliente en su taxi

Con los dos millones que entregó a la policía y la venta de su Peugeot 405, el taxista madrileño Marcos Domínguez, de 52 años, casado y con dos hijas universitarias, habría podido circular dentro de su sueño: un Mercedes Diesel, de esos que no conocen los talleres. Lo habría comprado ahora si la crisis de la que tanto oye hablar por la radio no le hiciera perder un 30% de recaudación este año. El ejecutivo que recuperó, el dinero perdido no contribuyó a la causa del Mercedes. Se limitó a darle las gracias al taxista desde Mallorca y por teléfono.

"Pero a mí lo que me importa es dormir tranquilo por las noches. Ni por un momento tuve malas tentaciones. Algunos compañeros me han dicho que tenía que haberme quedado con algo, pero no, no. Lo único que no devuelvo son paraguas, que cuesta más el traslado y el tiempo perdido que comprar uno".

Marcos Domínguez se encontró el maletín recostado en el asiento trasero. Pronto cayó en la cuenta de que pertenecía a aquellos dos señores que acaba de llevar al aeropuerto. Era el viernes 23 de julio, con muchos grados a la sombra. Los clientes cruzaban dormidos entre el bochorno de Madrid con la condivencia del aire aconcicionado y el leve zumbido de Radio Madrid, que en su taxi jamás hubo hueco para las voces de Encarna Sánchez o José María Gárcía.

"Desperté a uno de ellos que me había dicho que se bajaría en un barrio que está antes del aeropuerto, y el. otro, más fino y trajeado, se volvió a quedar dormido hasta que lo desperté en la terminal de vuelos nacionales. Yo me fui al hospital para ver a mi madre y al bajar me vi el maletín". Marrón, marca Loewe. Con papeles de una agencia de viajes y dos sobres con billetes de 10.000 pesetas. "Creí que sumaban un millón porque, la verdad, abultaban poco".

Menos de dos horas tardó en llevarlo a la comisaría de San Blas. Allí localizaron a su propietario, Mateo B., y acabó la historia. Desde entonces, ni un segundo de remordimiento. Le gusta conducir y escuchar la radio. "¿Qué más quiero?". Si volviera a nacer, de nuevo sería camionero y taxista, hasta vivir los más de cuatro millones de kilómetros que ha recorrido.

Y venga a escuchar vidas, a dialogar con nostálgicos, eufóricos, burócratas y románticos que arrojan sus pequeñas envidias, aspiraciones y humildes análisis políticos sobre el cuello del conductor. "Los viajeros más amables y educados: los catalanes. Y que conste que ni tengo familia ni intereses en esa tierra, pero eso es lo que yo creo después de 12 años de experiencia".

Tres días más tarde, otro compañero suyo, Manuel Grandio Campos, entregó en el juzgado de guardia 888.000 pesetas que una usuaria dejó olvidadas en dos bolsas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de agosto de 1993