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TOUR 93

El polaco Jaskula resistió el ataque de Rominger

La prueba centra su interés en la lucha por sobrevivir en el podio

Luis Gómez

Induráin vive el Tour en calidad de observador neutral. Sus rivales presentaron la dimisión hace tiempo y dedican cada jornada a fortalecer sus posiciones. Es unánimemente aceptado que emprender una cruzada contra el actual líder del ciclismo mundial tiene un coste, ruinoso. En cuanto se suscita ese debate surgen los ejemplos de Bugno y Chiappucci, caídos en desgracia irremediablemente. A falta de grandes maniobras, los Pirineos han terminado siendo escenario de una obra menor aunque no menos dramática, la lucha por la supervivencia. Jaskula y Mejía interpretaron ayer las dos situaciones extremas. El polaco recibió una gran recompensa por su resistencia ante Rominger mientras el colombiano pierde margen de maniobra. El Tour limita su campo de accion a la lucha por el podio. E Induráin es tan pulcro que ha decidido no intervenir. Suya será la bendición en la meta de París.Sobrevivir en el podio se ha convertido en el argumento central del Tour. Induráin es considerado un caso aparte, razón por la cual su hegemonía despierta un debate a medio plazo. Hablan estos días sesudos especialistas y viejas glorias de las posibilidades del español para igualar el récord de los grandes campeones. Las opiniones desbordan lo inmediato para trascender a un espacio de tiempo mucho más amplió. Este Tour es de Induráin, puede que el próximo también, luego la especulación se detiene en lo que hipotéticamente sucederá entre 1995 y 1996, el periodo en el que Induráin se aproximaría al verdadero récord, aquél que colocaría su biografía como la del ciclista más grande de todos los tiempos.

Comparaciones

En este entretenimiento transcurren los días, oportunidad que da pie a comparar el estilo de Induráin con el de Anquetil, Merckx o Hinault. El debate alcanzó de lleno al proplo corredor, que se vio obligado a responder. "No soy como Merckx o Hinault", dijo. "Soy menos agresivo en carrera que ellos. Tampoco soy capaz de atacar como lo hicieron ellos. Ni es mi carácter ni lo más adecuado a mis posibilidades. Trabajo con mis medios. Yo he de subir 80 kilos a lo alto de una montaña". La moda no es pasajera. Numerosos artículos han abandonado la actualidad para incorporar otras opiniones a la cuestión capital: ¿cuánto durará la hegemonía de Induráin?

Entretanto, el corredor español trata de conservar una apariencia humilde. Sólo él se resiste a proclamar que este Tour está resuelto. Pero el subsconsciente le delata cuando a una inocente pregunta responde con demoledora sencillez: "Estoy más en forma que el año pasado por estas fechas y tengo más confianza en mí mismo. Tampoco tengo ningún problema en particular". Muchos corredores pudieron desayunarse ayer con esta declaración aparentemente inocua pero finalmente disuasoria. Los Pirineos dejaron de ser un campo de batalla. Lo más granado del pelotón se dispuso a defender su salario.

Es por ello que la etapa careció de toda estrategia a gran escala, un hábito recurrente en este Tour. El empeño de Rominger por empujar tanto a Mejía como a Jaskula del podio no necesitaba de las grandes magnitudes dado que el corredor suizo disfruta de una posición interesante. Puede dosificar su esfuerzo y emprender un ataque a plazos. En esa tesitura, a Rominger le bastaba con el último puerto. Dicho y hecho.

Un par de acciones de Chiappucci significaron el banderín de salida cuando apenas quedaban 50 kilómetros para la meta. Inmeditamente, apareció la imagen de marca de este Tour: los 12 primeros de la general escoltando al líder a la espera de acontecimientos. Rominger llegó a la base del puerto conducido por su legión española (Unzaga, Mauleón y Escartín). Efectivamente, lanzó el ataque que todo el mundo esperaba, que no era contra la posición de Induráin por descontado, pero tuvo un resultado relativo. Rominger convirtió a Jaskula en el héroe de la jornada.

Para un hombre que ha sido durante los 31 años de su vida un actor secundario la oportunidad de acabar en el podio del Tour merece arriesgar el físico si es preciso. El esfuerzo del polaco por defender ese minuto de vida que le separa del suizo centró la atención de la carrera. De paso, Rominger dejó en evidencia que toda su fortaleza se resume en un ataque. Acompañados del líder en calidad de observador, Rominger y Jaskula resolvieron la última palabra en la línea de meta. Y en ese punto, el suizo llegó en peor disposición: Jaskula había salvado su exiguo patrimonio cuando alcanzaron los metros finales; el esfuerzo suplementario del sprint abría las puertas de par en par a la jornada más feliz de su vida.

El Tour deja hoy los Pirineos. Es un detalle anecdótico, un dato irrelevante para los expertos. El verdadero interés apunta al futuro de Induráin. Y en ese escenario, este Tour suma uno más en su glorioso palmarés.

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