Como comprar una china para esposa

Cincuentones japoneses encargan por correo novias en el extranjero

Algunas de las jóvenes chinas emparejadas por correo con solteros japoneses de 30 a 60 años llegan al aeropuerto de Tokio procedentes de la provincia de Sichuán, tierra natal del canalla Lieu Lei, reo de muerte por la venta de 18 mujeres. Un diario oficial destacó la alevosía del delito: traficó primero con 15 aldeanas y, cuando agotó las reservas, vendió a su mujer por 25.000 pesetas, a su madre por 22.000 y a su hija de cuatro años por 9.000. Pagaron estas cantidades agricultores chinos del este nacional fronterizo con Hong Kong. En Japón, el dramatismo del trueque, frecuente todavía en la China rural, reviste modalidades menos dramáticas."Le presentaremos a bellas señoritas chinas", invitaba una agencia dedicada al apaño de noviazgos entre japoneses mayores, interesados todos en una novia dócil, y chinas obsesionadas con salir de la pobreza y del país. Su propietario publicó este anuncio el pasado mes de diciembre en varios periódicos y poco después recibía 50 peticiones diarias, a cuyos remitentes mostró un catálogo con las fotografías de 116 jóvenes. Los desengaños llegan después: veinteañeras que soñaban con un ejecutivo de la Toyota son cargadas en la grupa por patanes de cuatro duros, y japoneses que planeaban formar una familia son despreciados por mujeres cuya única intención era conseguir una entrada legal en la meca del emigrante asiático. De acuerdo con los datos de la Oficina de Inmigración, el número de chinas llegadas a Japón con visado de esposa pasó de 670 en 1990 a 1.779 en 1991. El cliente desembolsa entre dos y tres millones de pesetas. Los "pedidos" de novias filipinas, taiwanesas o coreanas son también importantes.

Dicen que casi todos los novios son buena gente y rondando los cincuenta; muchos de ellos, solitarios, viven en localidades del interior de Japón e interesan poco a sus compatriotas en el vecindario. Progresivamente independientes, huyen del campo, donde deben cuidar de la familia y de un trabajo ingrato, y tratan de afincarse en las ciudades. "Al ser tan tímidos son incapaces de hablar con una mujer que se siente al lado", justifica un munícipe de un pueblo del norte.

La periodista Mari Yamaguchi citaba el caso de Katsuhiro Uchimura, de 51 años, encargado de planta en una fábrica de Tokio. La noche anterior al encuentro con su novia de Shanghai no pegó ojo. Llegó al aeropuerto de Narita hecho un brazo de mar; tieso como un palo, con un ramo de flores, esperó la presentación de una joven que se expresaba en diferente idioma y cuyo carácter desconocía por completo. "Posiblemente, lo único que quiera es salir de China, y yo soy una manera de conseguirlo..., pero, quién sabe, quizá se lleve de mí una agradable impresión".

El grupo Help, que atiende en Tokio reclamaciones de mujeres asiáticas maltratadas, ha recibido denuncias de jóvenes chinas que malviven con hombres violentos y dominantes. Mizuho Matsuda, uno de sus portavoces, afirmaba: "Después de fracasar en el intento de encontrar novia japonesa, muchos solteros de este país intentan encontrar una novia extranjera como segunda posibilidad. Algunos lo hacen como quien compra un melón. Pagan y creen que así pueden casarse con quien quieran".

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