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Tribuna:

Cerumen

Como ustedes ya sabrán, Joan Manuel Serrat acaba de demandar al PP porque su candidato por Lérida ha utilizado, sin pedirle permiso, unas estrofas de Tu nombre me sabe a yerba para apoyar el mensaje popular en la radio local. La gente del PP le acusa de sectario, pero me parece que se equivocan: viendo el oído que se gastan todas las formaciones políticas a la hora de marcarse sus himnos, todo músico que se precie debería seguir el ejemplo de Serrat si el latrocinio sonoro popular sienta precedente. A tenor de lo oído en los mítines de esta campaña, la música es algo muy serio para dejarlo en manos de los políticos.Todos los partidos parecen haber entrado en una competición para ver quién consigue la sintonía más repugnante del mercado. El PSOE ha recurrido a un tema lírico-épico que recuerda a las composiciones del terrible Vangelis Papathanasiu, compositor ampuloso y previsible sólo superado en su banalidad por Andrew Lloyd Webber. Al oírlo, visualizo inmediatamente a Narcís Serra en camiseta y pantalón corto, saltando vallas y echando el bofe en el estadio olímpico. Eso sí, en cámara lenta.

El himno del PP (¡tachán, tachán, tatatachán!) es muy adecuado para el anuncio de un limpiatodo hogareño. Nada más oírlo me imagino a Luisa Fernanda Rudi, en minifalda de boatiné, dejando su casa como los chorros del oro a la velocidad de la luz. ¿Qué excusa pueden tener nuestros padres de la patria para castigarnos de esta manera? ¿La forzosa brevedad del producto? ¡Falso! Hay canciones de los Beach Boys o de Phil Spector que no superan los dos minutos y son auténticas obras maestras.

Lo que les pasa a nuestros políticos es que en vez de oído tienen orejas. Taponadas, al parecer, con abundante cerumen. Joan Manuel: ¡duro con ellos!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de junio de 1993