Los liberales preparan una campaña de apoyo
"¡Yeltsin, Yeltsin!", retumbaba el cine Octubre con los gritos de más de 2.000 personas. Allí, en ese céntrico local de la capital rusa, el 10 de junio de 1991, Borís Yeltsin cerró su campaña electoral que dos días después le llevaría a la presidencia del país. Simbólicamente, en el mismo local comenzó ayer la nueva campaña para el referéndum del 25 de abril, en el que el líder se juega el todo por el todo.La plana mayor del yeltsinismo estaba presente en el local, como en los mejores tiempos, aunque faltaba el jefe: la muerte de su madre, Klavdia Vasilevna, impidió a Yeltsin asistir a la inauguración de la campaña que decidirá si Rusia sigue por el camino de las reformas o regresa al comunismo. En todo caso, así es como plantean el dilema los que ayer se reunieron en el cine Octubre.
"Ésta es nuestra última oportunidad. Si no vencemos, entonces mañana habrá un derramamiento de sangre: será nuestra sangre la que derramarán los comunistas", dijo Andréi Makárov, el abogado partidario de un proceso de Núremberg contra el antiguo Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). La restauración comunista es ya casi un hecho consumado, pues existe "un Sóviet Supremo comunista y un Tribunal Constitucional procomunista", señaló Makárov, refiriéndose a la condena del mensaje de Yeltsin por parte del Parlamento y del jefe del Constitucional.
Guennadi Búrbulis, hasta hace poco la mano derecha de Yeltsin, fue recibido con una ovación cuando subió a la tribuna con el puño en alto. "Crear una fuerte y eficaz organización de demócratas reformistas: ésta es la consigna de hoy", dijo Búrbulis, según el cual el nuevo partido debe ser capaz de defender al presidente cada día, y no sólo en momentos críticos como el actual.
Más de 60 organizaciones de corte liberal ya se han unido en el Comité de las Organizaciones Democráticas tras dejar a un lado sus diferencias para poder hacer una campaña común a favor del referéndum. Además, con una rapidez inusitada se ha creado el Comité de Defensa del Presidente, con filiales en casi todas las provincias, para recolectar fondos y financiar el plebiscito.
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