Laberinto inglés
La incertidumbre que planea sobre los mercados de capitales, especialmente notable durante las últimas jornadas en el parqué barcelonés, ha extendido sus reales hasta la presente semana.
El factor dominante no es un exceso de ventas, que sólo reportaría pérdidas a quienes apostaran por abandonar posiciones. Simplemente se trata de que el inversor se ha transformado en una rara avis cada vez más renuente a dejar ver sus capitales en el mercado.
Sin embargo, una lectura más optimista y concreta de los índices alcanzados ayer por el mercado barcelonés debería incluir la referencia a la inestabilidad de los mercados cambiarlos internacionales. El inicio de un nuevo desamor entre el yen y el dólar podría haber tenido consecuencias más desazonadoras en las cotizaciones, en un cuadro de clara pasividad inversora. La crítica situación política italiana también provocó inquietud entre algunos inversores. En cambio, el descenso es casi inapreciable y, hasta cierto punto, recoge una resistencia a adentrarse en las profundidades del pesimismo.
Los sectores que más sufrieron ayer el desaire inversor fueron servicios y comercio, especialmente el primero. Anotaron alzas textiles y papeleras.


























































