Mal gusto
Una agencia de publicidad ha tenido, a mi juicio, el mal gusto de utilizar en un espacio televisivo unas secuencias microscópicas ampliadas de espermatozoides con sus cilios en ágiles movimientos, como si de una pugna atlética se tratara, para lograr el objetivo previsto, es decir, el acceso prioritario a un automóvil nuevo.
Como ciudadano de a pie me pregunto si hace falta recurrir a esta especie de depravación de una de las funciones más sagradas del hombre, cual es la de transmitir la vida, a fin de convencer a un hipotético cliente de la necesidad de llegar el primero para la adquisición de una máquina. ¿Se les ha agotado a estos agentes publicitarios la capacidad de imaginación para la venta de un producto al tener que acudir a imágenes que pueden herir la susceptibilidad humana?— .


























































