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Un 'toro' con la divisa tatuada

"¡Toro!, ¡toro!", repite el aspirante a novillero lanceando por verónicas con manos firmes y gesto decidido.El toro, a cada llamada, bufa y cocea cabeceando amenazadoramente hacia delante y hacia atrás sin decidirse claramente a arrancar.

"¡Toro!, ¡toro!", insiste el aprendiz de maestro.

Finalmente, el toro embiste lo dócil el viejo capote a mostrando el camino.

Este toro, sin embargo, tiene dos patas, en vez de cuatro; los dos enormes pitones no adornan la testuz, sino que los sostiene entre las manos; y en su piel no luce tatuada a fuego la divisa de la ganadería, sino el Amor de madre carcelario y el nombre de su amada.

Hecho en la cárcel

Blanco Sabino Lázaro -así se llama este recluso de 32 años-, que según sus propias palabras tiene "para 30 en la cárcel", lleva más de una hora corriendo y embistiendo los capotes que sus compañeros de la escuela de tauromaquia no cesan de mostrarle.

"El carretón" -nombre con el que se conoce el toro metálico dotado de una rueda que se usa para aprender- "lo hicieron en un taller de la cárcel", explica Blanco en un momento de respiro. Pero no pa . recen muy cómo dos con el invento.. "No nos gusta porque es muy pesado y además se desestabiliza". "¡Mira!", dice, "ahora vas a ver una cogida".

El toro humano cocea, bufa, mira amenazadoramente a internos y a funcionarios y se lanza al trapo enganchando con picardía el pecho del candidato a novillero.

El público, divertido, aplaude.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de octubre de 1992