El Real Madrid acabó con su calvario

El Real Madrid terminó con si penitencia, larga y casi obligado por los muchos pecados cometidos. Este purgatorio ha durado seis años, los que lleva sin participar en el primer torneo europeo. Ayer, con su trabajado triunfo sobre el Taugrés en e quinto encuentro de su serie semifinal, sacó su pasaporte para la Liga continental, razón de se de los grandes equipos. De paso y aunque no le haga excesiva gracia, le evitó al Estudiantes un cara y cruz en su partido de hoy con el Joventut: los tres pasearán juntos su palmito por Europa.Un hecho concreto condicionó el desarrollo de la contienda su desenlace. Restaban 6m 41 para el final del primer tiempo: (30-33) y Rivas cometió una falta personal contra Cargol en la lucha por un rebote. El alero madridista se revolvió empujando a Rivas, que soltó la mano alcanzando ligeramente su rostro. Rivas fue castigado con una técnica descalificante que le llevó definitivamente al banquillo.

Esta rigurosa expulsión no cáusó un efecto inmediato, pero ya nada fue igual para el Taugrés. Tuvo la repercusión de las desgracias inesperadas, cuando en un primer momento el pejudicado intenta hacer como sí nada hubiese ocurrido, pero, según pasa el tiempo, la ausencia le pesa cada vez más.

Hasta ese instante, el encuentro tenía un único protagonista, Arlauckas. Quién sabe si encorajinado por la exhibición de Simpson en el cuarto partido de la serie, el norteamericano tuvo un comienzo portentoso. Siete minutos y medio le bastaron para conseguir 20 puntos, a los que llegó sin cometer ningún fallo. Con tamaña muestra de talento, el Madrid se puso nervioso y falló sus primeros siete lanzamientos. El Taugrés despejaba sus primeras dudas y el Madrid las aumentaba.

Arlauckas parecía infalible y el abortar la sangría que estaba originando se convirtió en el objetivo prioritario del Madrid. Después de un par de intentos defensivos (hombre a hombre y zona 2-3), a la tercera, Luyk dio con la clave. Cargol era el hombre y cuatro bajos en la pista la disposición necesaria para recuperar el ritmo perdido. La máquina norteamericana dejó de hacer daño y, con Llorente al mando de las operaciones, el Madrid recuperó terreno. Entonces llegó la expulsión de Rivas y los vitorianos empezaron a oler a cadáver deportivo.

El Taugrés permaneció impasible durante 13 minutos más (60-60, m. 29). Ahí se le acabó la gasolina. En los siguientes siete minutos el parcial de 19-5 fue demoledor. Cuesta abajo y sin frenos, los temores blancos desaparecieron. Simpson emergió y el Madrid pudo dar por concluido su largo via crucis.

El puertorriqueño miraba triste desde el banquillo y su sombra tapaba al resto de su equipo. Sin él, ya no hubo dominio del rebote y Martín y Brown pudieron convertirse en los máximos anotadores de su equipo. Su relevo natural, Abad, no estuvo tan afortunado como en partidos anteriores y la mano de Sibilio (uno de nueve en tiros de tres puntos) no pudo tapar el agujero físico, táctico y emocional que supuso la baja de Rivas.

El Madrid se clasificó para la final y el Taugrés demostró su mayoría de edad. Los madridistas estuvieron al borde del abismo por enésima vez en los últimos tiempos, pero esta -supieron soportar la enorme presión, sobre todo en el crucial cuarto encuentro. Seis años después se hizo la luz para ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 09 de mayo de 1992.

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